27 de Octubre de 2020. Edición digital
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Profesionalidad y humanidad, claves del buen funcionamiento del Equipo de Rastreadores de Cuenca

Los han denominado "cazadores del Covid" o "detectives del coronavirus". Y no les falta razón: su principal función consiste en identificar a las personas que hayan mantenido contacto estrecho con un caso positivo para comunicarles su situación y la obligatoriedad de que permanezcan aislados durante, al menos, 10 días

14/10/2020 - Redacción
14/10/2020 - Redacción
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Quizá no están en primera línea de batalla frente al coronavirus pero su labor es esencial a la hora de contener la propagación del virus. Son fundamentales para localizar y hacer un minucioso seguimiento de los contactos estrechos de personas infectadas y, por lo tanto, de frenar la expansión del Covid-19. Mucha responsabilidad y un trabajo imprescindible. Ellos son los rastreadores.

Los han denominado “cazadores del Covid” o “detectives del coronavirus”. Y no les falta razón: su principal función consiste en identificar a las personas que hayan mantenido contacto estrecho con un caso positivo para comunicarles su situación y la obligatoriedad de que permanezcan aislados durante, al menos, 10 días.

Desde Life! Cuenca hemos conocido in situ cuál es el trabajo que desarrollan los rastreadores del Área Integrada de Cuenca y hemos hablado con la responsable de Medicina Preventiva y coordinadora del Equipo de Rastreadores, Mar Gómez Santillana, y la enfemera y coordinadora de rastreadores, Montse Gascón.

Nada más llegar ya percibes el buen ambiente; un entorno que no debe ser fácil conseguir por la dureza de esta enfermedad y por todas las personas que se ha llevado por delante. Te encuentras con un equipo de cerca de 40 personas entre enfermeros, trabajadores sociales, administrativos y personal de Medicina Preventiva del Hospital Virgen de la Luz; todos son imprescindibles, desde la labor de coordinación hasta el soporte administrativo, que lleva buena carga para que todo funcione bien. Trabajan a destajo desde que amanece hasta que anochece, de lunes a domingo, turnos de mañana y de tarde de 12 horas, que muchas veces llegan hasta las 14 horas solo para finalizar su jornada lo mejor posible.

En su lugar de trabajo, el aula de formación y la biblioteca - y siguiendo todas las normas satinaras-, se palpa la profesionalidad, la implicación y el compromiso de los rastreadores: llamadas y llamadas, anotaciones en los ordenadores, consultas entre compañeros, sonrisas bajo la mascarilla, un café de correprisas,... La clave es tener “un buen equipo profesional y humano” para contactar de forma correcta con los pacientes, llegar a entenderlos, y saber qué es lo que necesitan rastrear.

Según nos explican Mar Gómez y Montse Gascón, el protocolo de vigilancia epidemiológica se activa en cuanto se detecta un positivo: llaman al paciente y durante esa entrevista telefónica, además de informarle de todas las medidas higiénicas y sanitarias que deben seguir, su trabajo se centra que conocer qué han hecho durante las 48 horas previas a los primeros síntomas y determinar cuáles son los contactos estrechos. Después toca la labor de seguimiento, les llaman tres o cuatro veces durante la cuarentena para ver la evolución y saber cómo se encuentra, si han tenido fiebre o presentan algún otro síntoma.

Porque ¿habéis sido un caso positivo o un contacto estrecho? En esos momentos de angustia y preocupación lo que más necesitas es que te escuchen, que te dediquen el tiempo que sea necesario para contestar a todas tus dudas, que te expliquen con tranquilidad las indicaciones sanitarias a seguir. En definitiva necesitas empatía y esto es precisamente lo que ha conseguido trasmitir el equipo de rastreo de Cuenca.

Por ello, Montse Gascón cuenta que “es un trabajo de desgaste. Estás con una llamada, en la que damos lo mejor de nosotros y aunque el caso sea complicado, cuando finalizamos, reseteamos y volvemos a partir de cero para la siguiente llamada y poder mostrar la misma disposición; es complicado conseguirlo pero la experiencia y el día a día nos enseñan a sobrellevarlo y dar lo mejor de nosotros”.

Rastreadores conquenses en “fechas y cifras”

Según nos ha recordado Mar Gómez, el 11 de mayo empezaba a funcionar la primera unidad de rastreo en el Hospital de Cuenca, “eramos cuatro personas trabajando a destajo, casi sin instrucciones y guiándonos por nuestra intuición porque fuimos de los primeros en iniciar este equipo y no estaba todo tan protocolizado como ahora; según iban pasando las semanas, se iba aumentado progresivamente el número de compañeros que se incorporaban a nuestro equipo de vigilancia epidemiológica hasta llegar a los casi 40 que lo formamos en la actualidad”.

Cinco meses en los que han realizado un total de 36.000 llamadas, ¡qué se dice pronto!

Desde entonces, han atendido 3.500 casos sospechosos, de los que se han confirmado como positivos prácticamente la mitad, 1.763, siendo el promedio de contactos por caso de 3,5 aproximadamente.

En total, desde su unidad se han realizado 6.500 pruebas PCR (que significa por sus siglas en inglés ‘Reacción en Cadena de Polimerasa’).

Muy importante también es la aplicación Rádar Covid, siendo Cuenca pionera en su implantación en Castilla-La Mancha el 18 de septiembre. En poco menos de un mes ya han facilitado 40 códigos de acceso.

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