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Inocular humanidad

No todo el mundo consigue que un niño sonría tras atravesarle el muslo con una aguja hipodérmica de varios milímetros, que se hacen eternos. Hacerle creer por un instante que se ha convertido en un superhéroe para mantener el sosiego, evitar lloros y gritos no es tarea fácil entre las batas blancas.

Que cada visita reglamentaria de vacuna, peso y talla se normalice es algo que han conseguido en la planta baja del centro de salud Cuenca IV. Seguro que también en otros, pero mis tres hijos han tenido la suerte de conocer a Rosa Valiente. Tal vez la única enfermera especialista titulada en Enfermería Pediátrica que ejerce en Atención Primaria en nuestra provincia. Hasta este mes de junio. Rosa se jubila tras haber cuidado con esmero a cientos de lactantes y niños en el último cuarto de siglo. Y tras casi cuatro décadas en la profesión.

No sólo ha compartido su sabiduría y experiencia con muchas familias conquenses; también su empatía. Esa que ha hecho que guardemos sus dibujos y buenos recuerdos a pesar de sus jeringas y agujas hipodérmicas. También sus canciones, como la de la reanimación, que ha llevado a los centros educativos para enseñar a los escolares cómo actuar ante una emergencia y llamar al 112.

Rosa se ha jubilado tras meses y meses en la primera línea de la pandemia. Nos deja un poco huérfanos en estos tiempos de avances médicos y tecnológicos, donde más que nunca es necesario humanizar lo esencial.

Estas escasas líneas sólo son un recuerdo para esos sanitarios conquenses de vocación, los de la escucha activa. Como Esperanza Martínez Gil, pediatra. Como el doctor Cabrejas, quien ofrece su tiempo y argumentos ahora desde el centro de salud de Villalba de la Sierra. O Alicia Pineda, matrona. Y Elsa Jiménez. O el doctor Monteagudo, tres décadas en la España vaciada. La casualidad hizo que pudiera entrevistarle el pasado verano en la radio. Sin conocerlo auguro que atiende sin prisa, con rigor y mirando a los ojos de nuestros ancianos, mientras sigue reclamando mejoras en los consultores locales de la Serranía.

Ellos son sólo algunos de los que inoculan humanidad. Hay muchos más. Gracias a todos.

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