Síguenos:
Edición digital

Imagen principal de la noticia

Ahora con más barreras que nunca, el día a día de las personas con discapacidad auditiva

Hoy es el Día Internacional de la Audición y para dar visibilidad a las barreras que enfrentan cada día las personas con discapacidad auditiva, Life! Cuenca ha entrevistado a Carlos Antonio Escudero, Nerea Moreno Herraiz y Eva Pasarón de la Asociación Cultural de Sordos de Cuenca y a Isabel Olleta Lascarro, socia fundadora de la Asociación Española de Audiología.

Actualizado: 4/3/2021 11:09 - Lucía Torres
Actualizado: 4/3/2021 11:09 - Lucía Torres
  • PUBLICIDAD Netvoluciona
  • Para conmemorar el Día Internacional de la Audición, Life! Cuenca entrevista a Carlos Antonio Escudero, Nerea Moreno Herraiz y Eva Pasarón de la Asociación Cultural de Sordos de Cuenca y a Isabel Olleta Lascarro, socia fundadora de la Asociación Española de Audiología para conocer el impacto que ha tenido la pandemia y las barreras a las que se enfrentan.

    Si el Covid-19 ya ha supuesto un enorme obstáculo para los oyentes, el impacto sobre las personas con discapacidad auditiva ha sido abismal. Sobre esta cuestión todos coinciden el lo duro que ha sido sobrellevar la pandemia, por ejemplo Isabel Olleta explica que, por una parte, “para las personas que ya estaban diagnosticadas, que ya son sordas, llevan audífonos o llevan implantes cocleares ha supuesto una barrera más, el tener el soporte de la lectura labial siempre ayuda”.

    Y por otra, “hay otro tanto por ciento de personas que tenían una pérdida muy leve y no llevaban audífonos y ahora al llevar mascarillas se han dado cuenta de que no oyen bien”. La audióloga y logopeda remarca que ha servido para concienciar sobre la importancia de oír bien, sobre todo cuando las familias no podían verse y las personas más mayores tenían que comunicarse por teléfono.

    Para las personas con discapacidad auditiva, Carlos Escudero y Nerea Moreno cuentan cómo vivieron el inicio de la pandemia. Por su parte, Carlos comenta que ha afectado mucho debido a la falta de información: “La primera vez que salió no entendían qué era el Estado de Alarma, hemos encontrado muchas barreras”. Nerea coincide y añade que las comparecencias del gobierno “no eran accesibles porque no había subtítulos ni intérprete, entonces si la situación ya da miedo de por sí, sin recibir información ya se multiplica”.

    Además, Carlos afirma que cuando incluyeron una intérprete, “era muy pequeña y los subtítulos estaban encima o algún logo”. Y ya no solo en la televisión, Nerea enfatiza en las noticias falsas que surgieron en las redes sociales, plataformas donde se comunican y que provocaban que no estuvieran informados”.

    A todo ello, se suma el corto periodo de adaptación que tuvieron, de la noche a la mañana se cancelaron las actividades, la vida social y, en concreto, Nerea señala: “Para muchos estudiantes sordos la modalidad online les ha perjudicado muchísimo”. Así como el teletrabajo, “no están adaptados a una persona sorda”. Al estar aislados, si ya sufren barreras, “estando en tu casa, más todavía” y las consecuencias que conlleva han hecho que muchas personas necesiten ayuda psicológica, añade Nerea.

    Como resultado, Carlos explica: “Ha sido muy difícil, porque hemos tenido muy poca comunicación con otras personas, con las redes sociales sí, pero podíamos estar de forma presencial, ver a la familia… Ha creado mucho estrés, la situación ha sido muy triste y a mucha gente le ha afectado de manera muy fuerte”.

    Después de un año, la situación está más controlada, pero todavía tiene fallos como el que señala Eva Pasarón: “Ahora que el médico no es presencial, te llaman, y aunque la hora es orientativa, hemos tenido casos en los que han pasado dos o tres horas y todavía no han llamado, entonces, ¿qué hace esa persona sorda? ¿Espera con el intérprete hasta que llame?”.

    Ante la pregunta de si hay suficiente conciencia social sobre estos problemas, sus expresiones lo decían todo, incluso con la mascarilla puesta:

    Nerea es muy clara en este aspecto y afirma que antes no había mucha concienciación, frente a la situación actual donde “hemos intentado dar más visibilidad, sobre todo con las mascarillas transparentes y por fin la gente se da cuenta”. Destaca también la reclamación de una figura intérprete en la televisión y “no pequeña, sino bien ubicada”.

    En cuanto a las situaciones del día a día, todo depende de la concienciación de la gente, como cuenta Eva: “Alguna vez hemos ido al banco y allí sí que tienen pantallas y ya nos conocen, por lo que se bajan un poco la mascarilla. Pero, por otro lado, si voy con una persona sorda por la calle y me bajo un poco la mascarilla, alguna vez sí que me han gritado por ello, pero respondo que guardamos la distancia y que es una persona sorda, por lo que hay que tener un poco de concienciación”.

    Por su parte, Carlos concreta las dificultades que sufren: “Cuando he ido al centro de salud o al médico, han dicho que a la consulta no puede asistir una intérprete y entonces cómo entiendo, qué hago”. En esta cuestión, Nerea remarca que ellos se exponen al virus cada vez que piden a alguien que se baje la mascarilla para poder entenderle mejor.

    La igualdad como meta

    A veces más que barreras se sienten como auténticos muros. Tanto la inclusión e igualdad laboral, educativa y social continúa siendo uno de los grandes retos, aunque cada día se avance más.

    En el ámbito educativo, Nerea explica: “Inclusión como tal no hay, tengo que seguir pidiendo mucho, reclamar, sobre todo pedir, porque información hacia mí no hay”. Nerea cuenta que ha pedido un intérprete para sus clases, para entenderla con más facilidad, pero se lo han denegado. “Porque oigo y hablo bien, me lo dice una persona oyente que no sufre barreras” y remarca que aunque tenga un dispositivo de frecuencia modulada le cuesta oír y leer los labios, ahora todavía más debido a la modalidad online.

    En cuanto al mundo laboral, Nerea explica que hay personas que no tienen ningún problema, pero que todavía existen otras que “lo ven como un prejuicio, como que no puedes ser capaz de hacer cosas”.

    Para poner encima de la mesa un caso concreto, Carlos comenta la situación de un amigo suyo: “Está trabajando dentro de una empresa privada y tiene problemas porque muchas veces cuando los trabajadores tienen reuniones, él tiene que pedir intérprete y la empresa le dice que por qué”. Ante las relaciones laborales complicadas, Carlos añade que deberían tener más ética, porque cuando alguien llega a la asociación en busca de ayuda, es más difícil, aunque no por ello dejan de buscar soluciones.

    Todos coinciden en que avanzamos poco a poco, pero “todavía no hay igualdad entre personas oyentes y personas sordas, falta mucho por trabajar” y barreras que derribar, señala Carlos. Por ello, Nerea afirma que el objetivo de la asociación es sensibilizar, concienciar “sobre la comunidad sorda, la lengua de signos, su cultura, nuestros derechos…”. Una lucha que lleva en pie desde hace mucho tiempo, el año pasado cumplieron 40 años, aunque tuvieron que posponer la celebración del aniversario.

    El lenguaje de signos, símbolo de inclusión

    También paso a paso, se reivindica cada vez más la necesidad de extender el lenguaje de signos, ya sea a través de talleres o, incluso, una asignatura en los colegios. Isabel Olleta, lo describe como “un lenguaje precioso” y remarca la importancia de conocer las dos lenguas: “Tienes la suerte de poderte comunicar tanto con el colectivo oyente como con el lenguaje de signos”.

    A su vez, enfatiza en la prioridad al lenguaje oral, por una cuestión científica: “El problema del lenguaje oral es que hay unos años en los que hay que aprenderlo, la lengua de signos se puede aprender de mayor. Además, hay una base científica clara que dice de 0 a 3 años es la edad primordial para aprender el lenguaje oral”.

    Isabel cuenta que antes, debido al retraso en el diagnóstico hasta los tres años después de nacer, los niños perdían la posibilidad de desarrollar un lenguaje oral funcional. Ahora, “se detecta a los tres meses y ya tienes un diagnóstico, se les adaptan los audífonos, se les pone los implantes cocleares y se les introduce en el mundo del oyente muy pronto”.

    Ante todo, explica que lo ideal es conocer las dos lenguas y que sería necesaria “una exposición al mismo nivel de una lengua y de la otra, porque son muy diferentes”. En esta cuestión, Nerea coincide con Isabel y añade: “La mejor etapa para aprender un idioma es en la infancia, los niños son como esponjas que absorben muy rápido la información. Por experiencia aquí en la asociación hemos dado talleres de cuentacuentos que he impartido y los niños estaban encantados, disfrutaban un montón”.

    En la misma línea, Carlos destaca que están intentando que se enseñe como una asignatura más. Ya no solo por si vuelve el virus o enfrentamos otra emergencia social, sino porque hay muchas situaciones que serían más fáciles. “Un profesor, un médico o cuando vas al banco, en muchos ámbitos debería aprenderse la lengua de signos”, explica.

    Cada día se avanza más hacia la igualdad e inclusión de las personas con discapacidad auditiva, pero como ha demostrado la pandemia, todavía queda mucho por conseguir.

      PUBLICIDAD
    • UCLM
    • Conquense Seguridad
    • Gasoleos Marin
    Síguenos en: