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Botellón, ¿irresponsabilidad o permisividad?

23/8/2021 - Redacción
23/8/2021 - Redacción
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  • El concepto de fiesta comenzó a cambiar con la llegada del botellón, a finales del siglo XX en España, un fenómeno que a pesar de estar prohibido en la gran mayoría de localidades del país, continúa practicándose a día de hoy. Se asocia a los jóvenes, aunque siempre hay de todo, y más en época de pandemia. Se ha convertido en la alternativa a los bares, aunque en ellos llegue a aglomerarse un número considerable de personas, que multiplica el riesgo de contagio de Covid-19.

    Lo atractivo del botellón es que es más económico, al aire libre, pudiéndose desplazar de un rincón a otro y donde se forman varios grupos, que van rotando y socializando a medida que pasan las horas. Ahora en verano, se incrementa la práctica de esta actividad debido al buen tiempo, aunque en Cuenca, ni la nieve ha paralizado los botellones.

    Sin embargo, dejando a un lado la pandemia, los botellones siempre han sacado a la luz la falta de civismo por parte de la ciudadanía. Lugares tan emblemáticos como el Casco Antiguo o la Plaza de España de Cuenca, quedan marcados con la huella de la fiesta, y sus calles, bancos y aceras se llenan de los deshechos de la noche anterior. Además, el ruido a altas horas de la madrugada provoca molestias en los vecinos de las zonas afectadas.

    Cuenca siempre ha sido una ciudad permisiva. El simple hecho de que a partir de los jueves la Plaza de España, en frente de la Subdelegación del Gobierno, se viera llena de personas con cubatas en la mano, da pistas de la situación. El Covid-19 provocó que el Ayuntamiento de la ciudad decidiera actuar con más dureza y penalizar a los involucrados en esta práctica. Así lo confirmaba el decreto publicado el año pasado sobre la Ordenanza ya aprobada en 2009, donde se regulaba el consumo, distribución y promoción de bebidas alcohólicas. Así pues, con el decreto de 2020, se hacía efectivo el punto de la ordenanza en el que se indicaba que “el Ayuntamiento por razones de salud pública o seguridad ciudadana podrá prohibir el consumo de bebidas alcohólicas en la vía pública”.

    Con la llegada de las Fiestas de San Julián, el alcalde de Cuenca hacía un llamamiento a la responsabilidad ciudadana y anunciaba el trabajo conjunto con Policía Nacional y Local para erradicar el botellón. Sin embargo, tal y como se ha visto a lo largo del año, y más con la llegada del verano, el botellón que anteriormente se realizaba en la Plaza de España, ahora se ha trasladado a El Sargal, la zona del Castillo o en el Parque del Huécar. No se ha erradicado, tan solo ha cambiado su escenario.

    Con la pandemia, los pubs, bares y discotecas han visto reducido su horario de apertura, por lo que la fiesta en estos locales finaliza en torno a las tres de la madrugada. Esto provoca que, una vez cerrados los establecimientos, la gente se desplace a estas zonas para continuar con la fiesta haciendo botellón, sin distancias y con aglomeraciones, tal y como se ha podido comprobar en estos últimos meses.

    Este giro ha provocado la fiesta cambie sus tornas. En la era pre-covid, Cuenca veía cómo se hacía el botellón a primera hora de la noche, para a continuación, seguir con la fiesta en los pubs de la Calle. Ahora, la diversión comienza en los pubs a horas más tempranas y, lejos de finalizar con el cierre de los locales, se desplaza hasta El Sargal.

    Con las Ferias de San Julián, se están celebrando más días de botellón, a lo que hay que sumar los efectos de la pandemia aún vigente. Aunque son varios los efectivos policiales que se desplazan a estas zonas, y también se emiten sanciones a los que consumen alcohol en la calle, el botellón continúa su curso.

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