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No perdamos nuestro último tren

22/2/2021 - Redacción
22/2/2021 - Redacción

Hace un mes y medio, Filomena pasó por nuestras tierras y dejó huella, pero parece que lejos de ser una huella de destrozos, que también, dejó huella en nuestros trenes. Fue la excusa perfecta para cancelar las líneas de ferrocarril que conectaban Cuenca y Valencia. Un mes y medio sin el único transporte público al que pueden optar muchos de nuestros pueblos, un mes y medio sin cambios, un mes y medio sin explicaciones. De las supuestas obras y mejoras que se están llevando a cabo en nuestras vías, nadie sabe nada. Pero lo que sí sabemos es que seguimos sin tren.

La Unión Europea fijó el año 2021 como el Año Europeo del Ferrocarril, con el fin de apostar por el tren convencional para promover un medio de transporte seguro y verde, y lo que conllevaría dinamizar la vida rural y ayudar a paliar la despoblación. En España no debe haber mucho interés por seguir esta iniciativa, o al menos, por seguirla en nuestra provincia, ya que la línea Cuenca-Valencia es la única que no funciona en nuestro país tras Filomena. El porqué lo desconocemos, pero es una gran cuestión teniendo en cuenta que tenemos en nuestro territorio varios Bienes Inmuebles Protegidos que forman parte del Patrimonio Ferroviario de Castilla-La Mancha, como el Edificio de Viajeros de la Estación de Carboneras del Guadazaón o el Muelle cubierto de Huete. Si tenemos la infraestructura, ¿por qué no tenemos tren?

Sin embargo, el problema no es solo la cancelación de la línea, ya que a ello se le suma la escasa agilidad y funcionalidad del tren convencional. Tanto la limitada velocidad del tren como los horarios poco prácticos hacen de nuestro ferrocarril un medio poco dinámico, que provoca en consecuencia, la escasez de viajeros. El Gobierno nacional expuso la semana pasada que la línea se restablecería próximamente, pero ¿cuándo? Y lo más importante, ¿en qué condiciones? No solo se pide que circule el tren, se pide que se haga de forma efectiva y se acabe con estas condiciones que suponen un “lastre”, cuando el servicio ferroviario debe ser concebido como unas alas hacia el futuro de nuestros pueblos.

Invertir en la mejora del tren convencional es fomentar que los jóvenes permanezcan en sus pueblos, sin necesidad de mudarse a la capital para estudiar o trabajar, y tender la mano a aquellos que quieran asentarse en pequeños municipios. Se habla de combatir la despoblación, pero se cierran las pocas puertas abiertas. Se habla de ecología, pero se fomenta el uso de transporte privado para desplazarse entre pueblos y capitales, dejando a un lado el medio de transporte tradicional y evitando realizar mejoras para que sea sostenible y funcional.

No solo tenemos que hablar de los desplazamientos por trabajo u obligaciones, sino que el ferrocarril ofrece una vía para fomentar el ocio y el turismo. Así se pensó en el proyecto Serranía en vía, que daría utilidad a ocho estaciones de nuestra provincia y ofrecería servicio de tren turístico que permitiría desplazarse por la Serranía sin necesidad de transporte privado. Ahora, la intención es otra. Se tiene idea de cerrar varias estaciones de Cuenca y no hay fecha para la reanudación del funcionamiento de la línea Cuenca-Valencia, pero mientras tanto se siguen pensando políticas ecofriendly, sostenibles, repobladoras, potenciadoras de la economía de nuestros pueblos... se piensa en todo ello sin pensar en lo más básico: el transporte para acceder a ellos.

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