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Las oportunidades perdidas

Actualizado: 22/11/2021 19:34 - Redacción
Actualizado: 22/11/2021 19:34 - Redacción
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  • Asistimos desde hace unas semanas al vaciado del solar del Sanatorio de San Julián, en el barrio del Pozo de las Nieves. Viendo la luminosidad que es apreciable desde la demolición del edificio, a uno le cuesta entender que un edificio mucho más grande que el anterior vaya a ocupar este solar, y no deja de imaginar cómo cambiaría este barrio si en vez de edificar en este solar, lo hubiera adquirido el Ayuntamiento y hubiera construido en él un aparcamiento y una plaza, ambos de uso público.

    Quizás hayamos perdido una buena oportunidad de mejorar esa zona de la ciudad. Hubiera sido una decisión aplaudida. Cara de ejecutar, pero aplaudida. Y es que en Cuenca faltan decisiones valientes de ese tipo. Porque una residencia de ancianos puede construirse en cualquier zona de la ciudad, pero un proyecto dinamizador como el que planteamos para ese barrio solamente se podía hacer ahí.

    Pero ya está, dejemos de imaginar. Es una oportunidad perdida. Otra más en una ciudad que no deja de perder oportunidades. Como la de preservar los edificios antiguos de Carretería y Calderón de la Barca, o la de hacer una estación de Ave o un hospital más próximos al núcleo urbano, y tantas otras que podríamos enumerar.

    Y es que en Cuenca falta un plan de ciudad, trazado por técnicos y especialistas en urbanismo que planeen la Cuenca del futuro, que trace y diseñe las nuevas calles a construir y que mejore y revalorice los barrios y espacios existentes.

    O quizás sí existe ese plan, pero no todo lo actualizado y ambicioso que debería. Y ya no hablamos de la ambición mal entendida de cuando aspirábamos a tener 150.000 habitantes, sino a cambiar la ciudad y a convertirla en una pequeña urbe donde merezca la pena vivir por su naturaleza, por su cultura, por su historia, por su limpieza, por sus espacios urbanos y por su modernidad.

    Estamos de acuerdo en que nuestro Casco Antiguo y nuestras hoces pueden ser la envidia de muchas ciudades, pero la Cuenca moderna deja mucho que desear.
    ¿Por qué no aspirar a ser una ciudad con entre 60 y 70.000 habitantes, con espacios públicos -calles, plazas, parques- modernos, arreglados, cuidados y llenos de vida?

    Para todo esto es necesario el apoyo de otras administraciones de ámbito superior. Y de empresas, por qué no decirlo. La firma de convenios urbanísticos entre ayuntamiento, gobierno regional y gobierno central es clave para poder cambiar y mejorar la ciudad. En otras ciudades se construyen estaciones, se soterran vías, se rediseñan espacios urbanos… en definitiva, se acometen actuaciones que ayudan a cambiar la fisonomía de la ciudad. Incluso en Cuenca, en otros tiempos se hizo: José Manuel Martínez Cenzano firmó convenios para remodelar la Avenida de los Alfares, el Paseo de San Antonio o construir la Ronda Oeste; Francisco Pulido firmó un convenio para mejorar calles de los barrios de Buenavista o Tiradores y atrajo a Cuenca fondos europeos para afrontar la mejora del barrio de San Antón; o el gobierno de Ángel Mariscal consiguió fondos para el cambio de alumbrado o como los EDUSI, que todavía están por gastar y con los que se quiere remodelar parte del centro de la ciudad. Se quiere, porque según anuncios realizados las actuaciones ya deberían estar en marcha y no lo están, con el riesgo que supone de que se puedan perder esos fondos. También en la legislatura anterior el consistorio firmó con Grupo Herce el convenio que permitió construir el parking de Astrana Marín, peatonalizar esta calle y cambiar esa zona de la ciudad.

    Para lograr realizar estas actuaciones que en su conjunto puedan llegar a transformar la ciudad, quizás no sea necesario tener gran cantidad de fondos en las arcas del Ayuntamiento, pero sí la imaginación necesaria para poder conseguirlos. Y por supuesto, un buen plan de acción.

    En esta legislatura se ha logrado la ansiada alineación de administraciones, esa que nos vendían en campaña que sería tan beneficiosa para Cuenca. Se habla mucho de remontes mecánicos, que todavía no tenemos claro como van a contribuir a mejorar la movilidad en la ciudad o cómo van a afectar al Casco Antiguo, concretamente al barrio de San Martín. Sin embargo, quizás no necesitemos grandes obras como esta, sino actuaciones de menor calado en el centro o en los barrios de la ciudad.

    Los conquenses no paramos de pensar que estamos perdiendo una oportunidad de oro de poder cambiar la ciudad y mejorarla haciéndola más moderna, amable y apetecible. Señores políticos, tren que pasa, no vuelve. Aunque de trenes ya hemos hablado otros días, y seguro que lo volveremos a hacer.

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