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Fotografía: Marta Feiner.
Fotografía: Marta Feiner.

El retrato de María Ángeles Zurilla

Artículo de opinión y balance personal sobre los nueve años de María Ángeles Zurilla al frente del Vicerrectorado de Cultura, Deporte y Extensión Universitaria de la Universidad de Castilla-La Mancha, escrito por José An. Montero. Universitario.

11/12/2020 - Redacción
11/12/2020 - Redacción

En muchas instituciones existe la tradición de que cuando se cierra un mandato quede sobre sus paredes el retrato de quien gobernó. Obras que resumen un tiempo y un lugar en apenas unos centímetros de recuerdos. Tras una ceremonia íntima, ya cuelga del Salón de Grados del Campus de Cuenca el retrato de María Ángeles Zurilla, Vicerrectora de Cultura, Deporte y Extensión Universitaria entre 2011 y 2020, aunque seguramente con el tiempo la historia universitaria la recordará como la Vicerrectora de Cuenca. Quinta persona en ocupar este cargo, pues siempre se ha contado también en esta lista a D. José Antonio Peña, que aunque no lo fue de nombramiento, lo fue de facto.

Cada uno de ellos marcó un tiempo y un sentido a la aún breve historia universitaria en la ciudad de Cuenca. A la derecha, unidos por la mirada de la pintora Estrella Plaza, encontramos a los tres primeros vicerrectores, el citado profesor Peña, el siempre añorado Pedro Cerrillo y el querido Joaquín Saúl García Marchante. Tres retratos coetáneos en el tiempo, homogéneos en el estilo y algo nostálgicos. Ochentas, noventas y primeros dosmiles en los que aún estaba todo por hacer en el campus y que sirvieron para trazar la personalidad universitaria de una ciudad que ya no se entendería sin su campus y sin el Gaudeamus sonando cada hora desde la torre de la antigua capilla de los Salesianos.

Inaugurando la pared opuesta, el retrato que realizó José María Lillo a José Ignacio Albentosa, marca la primera década del siglo veintiuno, años de bonanza económica y de crecimiento exponencial de instalaciones y edificios en el Campus de Cuenca. Tiempos de efervescente adolescencia en los que cada día el traje se quedaba pequeño con nuevas facultades, ampliación de la biblioteca, pabellón universitario o paraninfo que convirtieron al campus en una pequeña ciudad dentro de la ciudad.

Desde hace unos días, junto a ellos, la galería de la memoria del campus se ha completado con el retrato de María Ángeles Zurilla que durante los últimos nueve años ha sido la Vicerrectora en Cuenca y de Cuenca, de Cultura, Deporte y Extensión Universitaria. A veces es bueno mirar hacia atrás y saber de dónde venimos para recordar todo lo que hemos vivido juntos, pues la crisis sanitaria actual parece habernos hecho olvidar la dureza con la que se vivió la crisis económica con la que llegó al cargo. El cielo parecía derrumbarse sobre nosotros y en todas las dependencias se hacía el silencio para escuchar las ruedas de prensa de Zapatero Cospedal o Rajoy después, anunciando primas de riesgo disparadas, recortes y renuncias. Días en los que se miraba con pánico al futuro y que amanecían con instrucciones de quitar impresoras, apagar ascensores o ahorrar cada kilovatio de luz, tiempos en los que se hicieron malabares para que no sobrara nadie.

Ése fue el duro escenario de los primeros tiempos en el gobierno del campus de la primera mujer vicerrectora. Si no es fácil gobernar la bonanza, la escasez es una pendiente muy dura de escalar. Nueve años después, con el trabajo bien cumplido y las pruebas de la vida superadas, la Vicerrectora posa junto con su retrato. Un retrato de amistad y de cariño realizado por el artista Ramón Freire. Una obra que recoge lo sembrado, y que servirá para que el tiempo haga crecer la figura de quien en tiempos tan difíciles no dejó ningún enemigo a la espalda, de quien tuvo la puerta siempre abierta y que siempre miró a los ojos. Un trabajo vivo, honesto y sincero, capaz de transmitir toda la humanidad, la sinceridad y la amistad construida en el campus de Cuenca durante estos duros años.

Ganase quien ganase estas últimas elecciones a Rector, la decisión estaba tomada desde hace tiempo. María Ángeles Zurilla consideraba cumplida su misión. Con su despacho recogido y ocupado muy pronto por otra inquilina o inquilino, su mirada permanecerá por siempre ahí, observando con cariño a todo el que se reúna en esta sala noble.

Así el artista y su modelo se escapan del tiempo, mientras dura el retrato, para que no haya derrota que llegue ni muerte que pueda, dejó escrito Galeano. Así sea.

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