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13, Rue del Percebe

Por Leo Cortijo

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15/10/2021
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La puesta de largo ha sido muy a lo yanqui. Como si de un mitin de Biden en Phoenix u Oklahoma se tratara. Hasta con los típicos ‘cartelitos’ de fondo azul con el nombre del candidato bien grande en letras blancas. Y mucha gente. Sobre todo eso, mucha gente por todos lados. Se les llamó a filas y respondieron a la orden. El PP de Castilla-La Mancha ya contempla en el horizonte el congreso para elegir al encargado de regir las riendas de la formación, una vez que esta semana haya sido convocado de forma oficial tras la celebración de la junta directiva. El cónclave es exprés, pues apenas queda un mes. Pero nada hay en juego... la emoción es nula. Como diría aquel, está todo atado y bien atado.

Los tiempos naturales en los procesos internos del PP castellano-manchego obligaban a celebrarlo dentro de un año, pero la cita se adelanta, ni más ni menos, para quitar un ‘marrón’ de encima y para reafirmar la figura de Paco Núñez. La intención fundamental es evitar durante 365 días el runrún, las dudas, las discrepancias, las divisiones y los nombres alternativos o no alternativos al de Almansa. Acallar, en cierta medida, esa cuestión permanente de cuestionar, valga la redundancia, el liderazgo de Núñez dentro de las filas del propio partido.

Hay tres claves fundamentales en los últimos días que ayudan a justificar por qué se ha adelantado el congreso de los populares, y dos caminan en la misma línea. Es la imagen que Núñez ofreció, por un lado, en la convención nacional itinerante de la formación, en la que le tocó defender plaza en Valencia, convenientemente arropado por los suyos que (otra vez) fueron llamados a filas. Nota al margen: ahí se celebró la famosa cena de ‘hermandad’ a la que solo faltó un presidente provincial… ¿adivinan cuál? Y, por otro lado, en el Debate del Estado de la Región, donde si bien no rayó de sobresaliente y puede que tampoco de notable alto, si dio la cara y cumplió dignamente ante un hueso duro de roer como es Page en el cuerpo a cuerpo. Al menos esa es la sensación que tienen en el nudo gordiano del PP.

Es más importante si cabe la segunda de estas dos comparecencias, pues contó con la presencia –entre todos los cargos, carguetes y carguillos que acudieron a dar ánimos al presi de Antonio González Terol, uno de los hombres fuertes de Génova y mano derecha de Pablo Casado. De los que pintan en el partido, vaya. No solo se llevó esa imagen de fortaleza, si no que la refrendó en público y además lo dejó por escrito a través de un artículo publicado en ABC bajo el título Puerta grande para Núñez, tenemos presidente. Toda una declaración de intenciones. Génova cerraba filas.

Pero falta la tercera clave. La piedra angular en estas cocinas del Partido Popular (Yo, por cierto, prefiero el término cocinas a la cursilería de Iván Redondo, que le llama in house). En este asunto la palabra clave es tregua, porque es la que mejor define la situación a la que se ha llegado con Carlos Velázquez, otrora rival por el bastón de mando y actual presidente provincial del PP toledano. Sin duda, la única alternativa coherente, lógica y responsable para plantar batalla a Núñez en un hipotético liderazgo del PP regional. Velázquez, tanto a nivel público como a nivel privado, que es más importante, ha optado por arrimar el hombro a la causa común y no se plantea la opción de personificar la vía alternativa. Así se lo han pedido y así ha hecho.

Y es la jugada más inteligente de todas, porque para él es un win-win de manual. ¡Vaya, parezco Redondo! Un ganar-ganar, perdón. La hoja de ruta es clara: Estate quieto hasta la cita electoral de 2023 porque si por la razón que sea Núñez gana las elecciones puedes ocupar un puesto importante en el futuro Gobierno regional (más allá de que sería el candidato ideal del PP al Ayuntamiento de Toledo, por cierto). Y si por lo que sea no las gana, será el momento de, entonces sí, tomar el relevo del almanseño al frente del partido, porque a éste solo le queda una bala en la recámara. Si dispara y da en la diana, bien. Si no, KO.

En esta radiografía de la situación del PP, que a veces parece el número 13 de la Rue del Percebe, no faltan las voces disidentes. Siempre las ha habido, porque otra cosa no, pero desde que Núñez tomó el relevo de su antecesora ha tenido que lidiar día sí y día también con una corriente crítica. Una corriente latente... y patente. Benjamín Prieto, Rosa Romero o Antonio Román son pesos muy pesados que caminan por ese sendero, pero si hay un nombre que en las últimas semanas ha intentando, o por lo menos animado, el nacimiento de una alternativa es el de Vicente Tirado. El que en otro momento lo fuera todo o casi todo en este partido desde el Palacio de Fuensalida chocó frontalmente con Núñez y no anda muy contento. Esa alternativa, si surgiera (insisto: si surgiera), tendría poco que hacer. El personaje del pirómano dispuesto a quemarse a lo bonzo cotiza a la baja en el 13 de la Rue del Percebe.

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