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660 metros cuadrados de tablao

Por Leo Cortijo

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26/11/2021
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La criatura se hace mayor. La peatonalización de Carretería cumplirá el año que viene diez años. ¿Una década ya? Sí, una década ya. Cómo pasa el tiempo… Parece que fue ayer cuando llovieron ríos de tinta sobre los efectos positivos y negativos de cortar al tráfico rodado la principal arteria de la ciudad. El eje vertebrador del centro de Cuenca cambiaba totalmente su sino. Un giro de 180 grados. Pero más allá de lo que esto podía suponer, hubo un elemento disruptivo que generó todavía más debate si cabe. Muy vehemente y excesivamente confrontado en más de una ocasión. Las famosas tablas. El tablao flamenco que muchos con cierta sorna y mala leche etiquetaron para hacer chanza del proyecto. Sobre el papel –o mejor dicho: sobre el asfalto–, unos 660 metros cuadrados de tarima de madera que a nadie dejaron indiferente. Todos tuvimos una opinión al respecto.

En el cisma que se originó no solo tomó partido la clase política, fragmentada entre aquellos que defendieron esta forma de peatonalizar y los que la veían como una solución absurda. También jugaron su partido los comerciantes y los hosteleros de la zona, además de otros sectores directamente afectados, como por ejemplo los taxistas. A los trabajadores de estos ámbitos les afectó más que a nadie, aunque el asunto trascendió todos los estamentos y la ciudadanía en su conjunto participó en el plebiscito de tablas sí o tablas no. Seamos sinceros, una parte importante de los conquenses, tanto los que más se jugaban como los que no, no terminaron nunca de ver con buenos ojos esa forma de rediseñar uno de los puntales de la idiosincrasia conquense.

El tiempo dio la razón a esas voces críticas. Las tablas no solo se acabaron convirtiendo en un un estorbo, sino que además fueron foco de suciedad –con la aparición de incómodos roedores mediante– y un escaparate de mala imagen cuando se deterioraron fruto del uso y de las inclemencias del tiempo. Lo nada prácticas que resultaban quedaba muy evidenciado a menudo cada vez que había que andar quitándolas y poniéndolas para que pudieran pasar por el centro las procesiones de Semana Santa o algunas de las cabalgatas que jalonan el calendario festivo de Cuenca. Un detalle importante en lo tocante a la operatividad del proyecto en el que nadie o casi nadie pareció pensar en un principio.

Y parece que no solo el tiempo ha dado la razón a aquellos que se negaron en banda al montaje de este tablao sin bailaores, sin guitarras ni cajones flamencos y sin batas de cola. El propio Darío Dolz ha calificado la peatonalización con la tarima de madera como un proyecto nefasto. El ahora alcalde y en su momento concejal responsable del área de Urbanismo bajo el amparo de Juan Ávila, no ha dudado en calificar negativamente lo que se hizo hace diez años. Fue en el Pleno del Ayuntamiento celebrado ayer mismo, en el debate de una moción presentada por Ciudadanos en la que se pedía una nueva rehabilitación de Carretería. La propuesta salió adelante con los votos a favor de todos los grupos políticos a excepción del PSOE. Ya veremos a ver en qué queda… como muchas otras ‘ideas’ que no solo se lanzan sino que también se aprueban en sesión plenaria y pasan a engrosar los archivos del cajón del olvido.

La realidad es que el centro de la ciudad necesita, ya no un lavado de cara, sino una remodelación estructural y transversal. Un plan ambicioso y totalmente rompedor para, de verdad, ofrecer como resultado una zona atractiva y visitable en todos los sentidos. Éste es un debate que viene de muy largo en esta Cuenca nuestra de cosas sin hacer. La tarima de madera fue un proyecto inútil y condenado al fracaso desde el primer minuto. Un patinazo en toda regla. Un error mayúsculo. La solución que trajo consigo el cambio político en el Consistorio fue un parche que alivió en cierta manera el desaguisado, pero que no terminó ni mucho menos de solventar un problema que ya está enquistado y que no tiene visos de solucionarse ni siquiera a medio plazo. A perro flaco todo son pulgas. Y Cuenca en este sentido, por más que me duela escribirlo, es un perro famélico. Hay mil y un asuntos al que tendrían que destinarse fondos de manera urgente para mejorar la ciudad. No hay más que ver en qué condiciones están una buena baraja de barrios. Totalmente reventados. Se podría sacar un conejo de la chistera (no sé cómo con la pírrica situación de las arcas municipales) para volver a actuar en el centro de la ciudad, pero entonces los vecinos de muchas otras zonas dirían –también con razón– «¿y qué hay de lo mío?».

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