Síguenos:
Edición digital

Las bragas fucsia del mercadillo

Por Leo Cortijo

Comparte este artículo:
12/11/2021
Comparte este artículo:

Los empresarios ya han dado la voz de alarma. Falta mano de obra. Y además esa carencia se da en prácticamente todos los sectores de la economía. Transportes, logística, hostelería, construcción, agroalimentación… En algunos casos, dicen, la necesidad de encontrar gente dispuesta a trabajar es perentoria. Mires en la agencia de colocación que mires, consultes la oficina de empleo que consultes y leas la sección de ofertas de trabajo de cualquier periódico que leas, hay posibilidades de incorporarse casi de forma inmediata a cualquier puesto. ¡Vamos niñas, que me las quitan de las manos!, gritaría a viva voz la mejor vendedora calé de cualquier mercadillo que se precie para dar salida a unas bragas de color fucsia con el dibujo del conejito de Playboy en la parte delantera. Tienen su público. Ahora veremos.

El problema es preocupante para la patronal porque se suma a otros hándicaps dentro de una espiral muy compleja que repercute de forma mayúscula en la actividad empresarial y que pone en tela de juicio la posible recuperación económica que algunos pregonan tanto como la vendedora sus bragas en el mercadillo. Esa espiral de difícil digestión es lo que muchos expertos han etiquetado como ‘la tormenta perfecta’. Al desorbitado encarecimiento de los precios de la energía, la falta generalizada de suministros y el aumento de la presión fiscal se une también la ausencia de mano de obra cualificada. Todo unido en la misma línea espacio-tiempo… ¿Qué puede salir mal?

El hecho de que falte mano de obra en Cuenca –circunstancia extrapolable a buena parte del territorio nacional– es llamativo a juzgar por los últimos datos del paro. Resulta que en esta provincia creció el desempleo en octubre. Y claro, que en la misma edición de un periódico en una página se titule «Sube el paro» y en la siguiente «Falta mano de obra», casa regular. A ojos de cualquiera, insisto, llama la atención. ¿Cómo es posible que suba el paro si dicen que están buscando gente para trabajar? El debate puede ser profuso. Muy profuso.

El secretario general de la patronal conquense, Ángel Mayordomo, explicaba en una entrevista en La Tribuna que ésta es una cuestión como para que todos los protagonistas que algo tienen que ver con el mercado de trabajo y las relaciones laborales hagan un «esfuerzo» por ver dónde está el problema. A su juicio, una pata de la mesa está en la formación, y es que esa es una pinza indispensable para que lo que ofrecen los demandantes y lo que buscan los empleadores vaya de la mano. Hay que «concienciar» a las personas, sobre todo a los jóvenes que salen de las facultades o de los ciclos formativos para enfocarse hacia lo que realmente se necesita en este momento. «Es posible que la gente no se oriente bien como también lo es que el sistema esté fallando en cómo orientar a esas personas», explicaba Mayordomo.

Ahora bien, más allá de la formación, centremos el tiro. Fijemos nuestra mira en las bragas fucsia de la vendedora del rastrillo, que tienen su aquel. Y es que el mismo Mayordomo es crítico al señalar que ahora prevalece un sistema en el que quizá existen demasiadas ayudas y prestaciones «que no están directamente relacionadas con el trabajo». Es meter el dedo en una yaga sensible, lo sé, pero creo que no anda nada desencaminado. Como tampoco anda mal cuando contesta la ministra Yolanda Díaz, que dijo que para que no faltara mano de obra los empresarios debían pagar más. Unas declaraciones que, a su juicio, se realizan desde el más absoluto desconocimiento, por lo que la invitaba a ser empresaria o autónoma para que supiera lo que realmente supone ejercer una actividad empresarial.

Ahí está la madre del cordero. Como ocurre con la chillona prenda de ropa interior del mercadillo. Habrá personas que hayan decidido ir al rastro porque tienen la necesidad apremiante de comprarse ese artículo. Sobre todo porque el precio está tirado. Aunque no sean en absoluto de su gusto estético. Seamos sinceros, a casi nadie le gustan unas bragas fucsia con el conejito de Playboy. Pero a veces es lo que hay. El problema viene cuando en el puesto de al lado otra vendedora no solo no ofrece bragas, si no que invita a ponerse otro tipo de prenda que cumple la misma función. Y por el que –y esto es lo más importante– no hay que pagar nada. De esta forma, ¿quién va a estar dispuesto a levantarse todas las mañanas y cumplir con las ocho horas de rigor para llevar un sueldo a casa que da para llegar a fin de mes y poco más? ¡Uy! perdón, me he equivocado, quería decir que de esta forma, ¿quién está dispuesto a comprar las bragas fucsia?

Contenido archivado en:
    PUBLICIDAD
  • Diputacion cuenca fitur 2022
  • UCLM
  • Conquense Seguridad
  • Gasoleos Marin
Síguenos en: