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Cuidémonos para cuidarles

Por Leo Cortijo

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12/2/2021
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Dicen que solo hacen falta 21 días para convertir cualquier conducta en un hábito. No sé qué parte de esta idea tiene fundamento científico y qué parte es pura leyenda urbana. Sea una cosa o la contraria, llevamos ya muchos más de 21 días viviendo con una cruz a cuestas. Y no pequeña. En realidad, caminamos hacia los 365, así que ríete tú de 21… Seguro que lo notarás como yo. En tu día a día ya has interiorizado un buen ramillete de cosas que hace un año eran impensables y que ahora mismo realizas sin apenas darte cuenta. Una de esas rutinas son los confinamientos y las desescaladas en cada ola. Si la cosa va mal, se aplican restricciones; si mejoran los datos, se levantan. Y así vamos… Después de un mes realmente complicado, nos vuelven a soltar correa. Hoy abre de nuevo la hostelería y las grandes superficies comerciales, aunque con unas limitaciones todavía muy severas. Es el primer paso para seguir desescalando durante las próximas semanas si todo marcha bien. Y más vale que así sea.

A lo largo de todo este tiempo no he conocido a nadie que con esto del puñetero bicho le vaya mejor que antes. En el mejor de los casos, se está igual. Y en la mayoría, peor o mucho peor que antes. Partiendo de ese mal común del que nadie se libra, sí quiero recalcar la penosa situación de los hosteleros que, por otra parte, fundamentan una porción importante de la economía nacional en general y de la conquense en particular. Otro día entraremos a debatir si la economía patria se debería enfocar hacia otros menesteres y no meter todos los huevos en el sector terciario, porque eso da para una tesis doctoral… Con los mimbres que tenemos, debemos ser conscientes del ‘papelón’ que tienen todos aquellos que diariamente levantan la persiana de un bar, un restaurante, un hotel, una cafetería o un pub de copas. Que sí, que sé que hay otros sectores que están igual o peor. Qué pensarás al leer esto, tú que regentas una agencia de viajes o eres guía turístico, por ejemplo. Me lo imagino.

A los hosteleros se les ha mareado un día sí y otro también desde que a mediados de marzo sufriéramos este terremoto vírico. Ahora cierras a cal y canto, mañana abres al 30 por ciento, pasado solo la terraza a la mitad, y entre tanto adapta tus infraestructuras con mobiliario nuevo, pantallas, dispensadores de gel, limpieza, toldos, ventilación… Por cuestiones labores, me he entrevistado en muchas ocasiones con ellos durante todos estos meses y una de las cosas que más me llama la atención es cómo lo están pasando psicológicamente. Al aspecto económico, que ya de por sí supone una desesperación enorme, se une la incertidumbre constante de no saber qué va a ser de tu forma de vida no ya mañana, sino hoy. Vivir así es imposible. Directamente, no es vivir.

Ahora, once meses después, que se dice pronto, comienzan a plantearse las primeras ayudas directas y contante y sonante de las administraciones. Ahora bien, son tantos y tantos los que están metidos en ese saco y es tan profundo el agujero que se les ha originado, que todas esas ayudas apenas suponen una tirita con la que tapar la cornada de doble trayectoria que les ha seccionado la femoral. Veremos a ver si el enfermo puede así recuperase.

Para ellos poder hacer algo tan aparentemente simple como trabajar es todo un privilegio hoy en día. Son conscientes de que si tras esta última desescalada los contagios repuntan otra vez, volverán a ser los primeros en pagar el pato de nuevo a pesar de defender a capa y espada que ellos no son los culpables de esta situación. Por esa razón ya no piden, sino imploran que la sociedad sea responsable y actúe en consecuencia. Quieren que ahora que nos vuelven a dar rienda, no nos desboquemos. Ni jóvenes, ni mayores, ni mediopensionistas. Nadie. Concienciación y seguridad individual máxima. La solución está en nosotros. Precisamente, a los primeros que se lo piden es a sus propios clientes, que al fin y al cabo somos todos. Y es que a todos nos sabe a gloria esa cañita antes de comer o nos reconforta ese café caliente con un buen desayuno. Por no hablar de cómo sienta el pincho de tortilla a media mañana… Queremos seguir disfrutando de esto y de todo lo bueno que nos ofrecen, ¿verdad? Pues muy sencillo: cuidémonos para cuidarles.

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