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Edición digital

Un escaparate endogámico

Por Leo Cortijo

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21/5/2021
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La vida es cíclica. Aunque es cierto que durante los últimos 14 meses hemos vivido inmersos en una espiral de anormalidad absoluta, nuestro transcurrir camina de base en base salpicado con algunas dosis de imprevisibilidad, que al fin y al cabo es lo que le da sentido a la propia vida. Seguro que alguna vez lo has pensado: ahora, por estas fechas, toca hacer esto; lo siguiente será esto otro; y después vendrá aquello, y así hasta que la pescadilla se muerda la cola y volvamos a iniciar inexorablemente el circuito cerrado. Uno de esos muchísimos hitos que se repite año tras año es Fitur, la feria internacional del turismo, que en 2021 se ha tenido que posponer a estas fechas, pero durante mucho tiempo fue cita ineludible cada mes de enero. Quizá sea porque la monotonía me desespera hasta niveles cósmicos o porque cuando me tocó darle cobertura como periodista nunca me gustó, me cuesta comulgar con el espíritu de éste, se supone, el mejor escaparate para profesionales y empresarios del sector. Si te digo la verdad, cada edición que pasa me gusta menos.

Parto de una base fundamental, que tira por tierra el sentido propio de la feria y atenta contra sus cimientos más básicos, y es que no sé si realmente es eficaz. Vaya, dudo de si el gigantesco desembolso que realizan las administraciones a todos los niveles tiene un eco directamente proporcional en retorno de riqueza para el país, la comunidad, la provincia o el municipio. A más de un profesional y periodista especializado le he escuchado decir que la inversión no se rentabiliza porque no hay volumen de negocio suficiente y que la naturaleza de la feria se ha desvirtuado. Quizá por eso es por lo que de un tiempo a esta parte se han notificado ausencias notables de destinos turísticos importantes. Mi sensación es que Fitur ha caído en la desidia, la apatía y la falta de atractivo. Es, año tras año, más de lo mismo.

El interés para muchos se centraba en recorrer los diferentes pabellones del ferial mochila en mano –quien dice mochila dice bolsa XXL o carro de la compra– para recoger, como si nuestra supervivencia dependiese de ello, bolígrafos, libretas, llaveros, gorras, camisetas y demás merchandising. A algunos les faltaban manos… parecían el inspector Gadget en su mejor versión. Otros se coordinaban entre sí para avisarse de cuándo empezaba la degustación de Montilla-Moriles con jamón ibérico en el stand de Córdoba o la de paella en el de la Comunidad Valenciana. En algunos casos había colas kilométricas para llevarse un bocado así. Berlanguiano.

Sea como fuere, allí hemos estado otro año más. Cuenca, su provincia y la comunidad autónoma por extensión se han ‘vendido’ en un espectacular stand de 1.300 metros cuadrados y con la imagen de la cantante Rozalén como bandera. Ayer, precisamente, fue el día de Cuenca y nuestra clase política al completo, así como otros representantes sectoriales, se dieron cita allí. Anuncios y buenos propósitos los ha habido de todas las formas posibles. Son tantos los mensajes que se lanzan en ese sentido en tan corto intervalo de tiempo que éstos resultan efímeros. Tengo la sensación de que la mayoría de soflamas se pierden entre la indiferencia. Principalmente porque en el propio stand dudo que haya ingentes cantidades de audiencias escuchando las maravillas turísticas de esta bendita tierra, que no son pocas. A veces pienso que el discurso que allí se lanza solo lo escuchamos nosotros mismos. Es una especie de escaparate endogámico.

¿Sirve para algo estar presente en Fitur? Pues de algo servirá, faltaría más; negar la mayor tampoco sería lo correcto. ¿Merece la pena un desembolso de dinero público tan importante? Ahí ya tengo más dudas… Sinceramente, creo que tiene más premio para nuestros intereses colocar durante una semana en todas las marquesinas de Gran Vía o del Paseo de la Castellana una publicidad de Cuenca que estar presentes en Fitur con todo nuestro arsenal. Lo creo yo y creo que también lo creen los que manejan el timón del barco. Sin embargo, pienso que tienen asumido que hay que estar. Por estar. Sin más. Que Fitur es como ese acontecimiento que se repite todos los años en nuestra cíclica vida y que no se puede obviar. Nos guste más o nos guste menos. Sea más útil o menos útil. Sirva solo para ir a hacerse la foto o para algo más.

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