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Mercury, Iceta y la despoblación

Por Leo Cortijo

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11/6/2021
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Hay días en los que la agenda de previsiones de un periodista de provincias rompe de lleno con su monotonía habitual. Cosa que se agradece, la verdad. No todo van a ser plenos municipales, rifirrafes políticos, sucesos de ínfima relevancia (a no ser que se derrumbe parte de nuestro Casco Antiguo) y reportajes sociales. Suele ocurrir cuando en la hoja de ruta irrumpe la visita de algún ‘ilustre’. Hace nada fue, por ejemplo, la reina emérita, Doña Sofía. Y ayer le tocó no a uno, sino a dos ministros. Hacía ya tiempo, por cierto, que no había tanta representación del Ejecutivo junta en esta ciudad. Habría que remontarse a cuando Cospedal y Catalá formaban dupla como altos cargos del Gobierno con ciertas raíces conquenses. Bueno, en realidad ninguno las tenía... Es más, uno de ellos no sé si había venido un par de veces a la ciudad a hacer turismo antes de su designación, pero en fin, de algo tendremos que sacar pecho. Supongo.

Lo cierto es que ayer estuvieron por aquí la titular de Educación y Formación Profesional, Isabel Celaá, y su homólogo en el área de Política Territorial y Función Pública, Miquel Iceta. Vinieron a participar en una jornada de captación de talento enfocado a la Administración Pública en el IES Pedro Mercedes. Eso está muy bien, pero cuando llegó el turno de preguntar demostramos que los periodistas estábamos ahí por otros asuntos. He de reconocer, vaya por delante, que Iceta siempre me ha caído bien. No por sus quehaceres políticos, sino por su forma de ser. Me tiene ganao' desde aquel bailoteo arrítmico y físicamente inverosímil al son de Dont stop me now de Mercury y ante un Pedro Sánchez que parecía gritar en silencio «¡Tierra, trágame!» (Qué poca gracia ha tenido siempre este hombre). Iceta me ha parecido siempre un político con talante y que por delante de cualquier otra cualidad ha enarbolado la bandera del diálogo, la comprensión y el entendimiento. Un hombre bueno, vaya. Algo que en política, por cierto, no predomina.

Así todo, este humilde periodista quiso preguntarle por un asunto que entronca con las dos carteras que él defiende en el Ejecutivo. Una cuestión sobre cómo el Estado puede ayudar a poner freno a la galopante despoblación que sufrimos por algunos lares –que terminarán por ser solares– a partir de un elemento aparentemente sencillo, como es el de descentralizar la Administración. ¿Por qué todas las sedes de absolutamente todo tienen que estar en Madrid y no en Ávila, Teruel, Soria o Cuenca, por ejemplo? La pregunta al ministro vino a cuenta de la implantación en territorio conquense del Centro Nacional de Estudios Penitenciarios, lo que sirvió a Iceta para recalcar el compromiso del Gobierno para seguir dando pasos en el proceso de descentralización administrativa. «España no empieza y acaba en Madrid», comentó. De hecho, puso a Cuenca como ejemplo en este sentido y afirmó que será un «argumento a esgrimir» en la próxima Conferencia de Presidentes, en la que departirán sobre el reto demográfico. Otra cosa no sé, pero tela por cortar en ese sentido hay una poca, y haría bien el ministro en salir del foro más a menudo –como dijo que le gusta hacer– para conocer la realidad de esa otra España que llaman la ‘vaciada’ como eufemismo de la ‘abandonada’.

Ahora parece que sí. Que los planetas se han alineado y que por fin todas las administraciones han caído en la cuenta de que el problema es serio. Y cuando digo todas las administraciones apunto incluso a la continental. Europa ya ha lanzando un mensaje tan contundente como lapidario, y es que las zonas que ahora son escasamente pobladas, que en el Viejo Continente hay unas cuantas, se mueren. Sin remisión. Desde Bruselas hasta el último ayuntamiento de la provincia tienen entre ceja y ceja el tema de la sangría demográfica, y es necesario –como así está ocurriendo– que los representantes políticos se alineen sin fisuras en este sentido. No queda otra. Es nuestro momento. El de todos aquellos que tuvimos la suerte de nacer en un pueblo y vivir en una pequeña ciudad, pero también la desgracia de ser abandonados por los encargados de tomar las decisiones. Es ahora o ya no es. El tiempo de descuento se nos agotó hace mucho y ya no hay más prórrogas. Nos toca. Que nada ni nadie nos pare ahora. Dont stop me now. Ya lo cantó Mercury para gloria de Iceta...

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