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Mi pesar nazareno

Por Leo Cortijo

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29/1/2021
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No está siendo la mejor semana de la historia. Aunque bueno, pensándolo bien, llevamos mucho tiempo sin vivir nuestros mejores días. Un año casi con esta cantinela… y aquí seguimos. El problema es que entre el viernes pasado y hoy, hay un cambio sustancial con respecto al suceder de los acontecimientos. En general y sin entrar demasiado en detalles, seguimos pendientes de la dichosa curva de contagios y de la vacunación, que entre pitos y flautas no termina de marchar como debe. A este paso, lograremos antes la inmunidad de rebaño a base de cogerlo todos. Pero bueno, a lo que vamos: a la cascada de malas noticias hay que unir una que toca la fibra sensible de los conquenses. Al menos de la gran mayoría. Aunque totalmente esperado, no deja de ser muy doloroso confirmar, por segundo año consecutivo, que los pasos de nuestra Semana Santa no pisarán la calle.

Es tremendamente complejo explicar lo que en un momento así podemos sentir los nazarenos de Cuenca. Aunque puede llegar a comprenderse, hay que haberlo mamado desde la cuna para lograr compartir ese sentimiento. Eso que nos recorre por dentro cuando el sonido acompasado de las horquillas en el empedrado liga de forma mágica con Banceros de la Pasión. O con Tu silenciosa mirada. O con San Juan. O con la que sea, me valen todas. Ese estímulo nervioso que genera ese olor a cera, o esas sombras de olivos en la fachada de Palafox, o ese sonido roto en la madrugada de la turba, o el peso del banzo en el hombro… En fin, todo. De Domingo de Ramos a Domingo de Resurrección. Y otra vez, en algunos casos hasta por tercer año, nos quedamos sin vivirlo. Consolémonos: nuestro regreso –ojalá que en 2022– será glorioso.

Sin procesiones, la Junta de Cofradías ha preparado un programa alternativo de actos que, evidentemente, no logra suplir la ausencia de desfiles, pero ayuda a sobrellevar el pesar. Y de qué manera. La institución que preside de forma sobresaliente Jorge Sánchez Albendea se ha puesto manos a la obra. En realidad lo hizo hace ya tiempo, cuando intuía que este triste final asomaba en el horizonte cada vez más amenazante. Un trabajo silente y en la sombra, pero fructífero y eficiente. Como debe ser. Con meses de antelación, se empezaron a generar ideas, a planificar, a descolgar teléfonos, a tirar de contactos, a pedir favores… a trabajar, en definitiva. Fruto de este empeño y si la pandemia no lo fastidia, podemos matar el gusanillo con varios eventos semanasanteros. Desde talleres de actividades para los cofrades más pequeños hasta un concierto de la banda de música. Además, la iglesia de San Andrés acogerá una exposición de homenaje a los cartelistas y los pregoneros, mientras que el Museo de Semana Santa hará lo propio con otra de arte relacionado con la Pasión, con algunas obras de notable importancia.

Ahora bien, el evento central será la exposición homenaje a la Semana Santa de España que, en principio, se inaugurará en la Catedral el 25 de abril. Cuenca será, junto a Salamanca, una de las dos sedes nacionales de esta magna muestra. La exposición recreará una procesión con representación de todas las semanas santas del país, incluyendo un gran abanico de los elementos que las caracterizan, especialmente las vestimentas de los nazarenos de cada ciudad. Y como en toda procesión, habrá un paso, y en este caso será la talla de Jesús Cautivo. En definitiva, 80 metros de recorrido para empaparse del sentir cofrade de todo un país. Una exposición única dentro del mundo nazareno. Un proyecto que para fraguarse en nuestra ciudad ha costado horas y horas de esfuerzo.

La Junta de Cofradías, con Sánchez Albendea a la cabeza, podría haberse estado quieta. Podría haberse limitado a publicar el comunicado de la suspensión y a lanzar un mensaje de ánimo a los nazarenos. Chimpún. A otros, con eso, les hubiese bastado. A esta comisión ejecutiva y a este presidente, no. Y eso es digno de reconocer, alabar y agradecer. Repito: reconocer, alabar y agradecer. Hacer precisamente lo contrario es tirar piedras contra nuestro propio tejado. Además de ser un injustificado ejercicio de cainismo. Y lo digo como nazareno y como conquense.

 

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