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Rincones de la Catedral de Cuenca: el claustro

Visitamos el claustro de la Catedral de Santa María y San Julián, un oasis de paz al aire libre con vistas exclusivas a las Hoces de Cuenca.

Actualizado: 9/10/2021 16:03 - Redacción
Actualizado: 9/10/2021 16:03 - Redacción
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  • En pleno casco histórico, rodeado por los miradores colgados y cruzando el umbral del Arco de Jamete. En este entorno privilegiado conocemos el claustro de la Catedral de Cuenca de la mano de Miguel Ángel Albares, su director. A vista de pájaro, observamos el casco antiguo de la ciudad en calma, acompañados por la melodía de las aguas que emergen de su fuente central.

    “El cabildo de la Catedral, que es el conjunto de los canónigos de la Catedral comenzó siendo algo muy parecido a los antiguos monjes. Todas las Catedrales han tenido siempre un ámbito de esparcimiento, de reflexión, de meditación, de interiorización”, cuenta Albares. El claustro es el lugar idóneo para pausar las jornadas de ajetreo y es así como los visitantes recuerdan el enclave cada vez que recorren su galería cuadrangular. “La hora del día más transitada turísticamente es el mediodía, aunque también el atardecer”.

    En la parte de arriba, se encuentran los archivos de la diócesis y de la Catedral. La parte de abajo es un corredor, “de hecho, se han llegado a hacer procesiones, ya que es un campo al aire libre, pero resguardado a la vez”, comenta Albares. Añade que, pese a que abrió sus puertas en 2010, no fue hasta 2016 cuando los conquenses lo conocieron en todo su esplendor tras albergar la exposición “La poética de la libertad”.

    “Instalamos en el centro del patio las famosas cajas de acero del artista chino Ai Wei Wei, que reproducían el cautiverio al que fue sometido en China. Conservamos la obra de Florencio Galindo: “El laberinto del dictador”, que se encuentra junto a la fuente central” y que fue donada por el autor al acabar la exposición.

    El claustro que podemos visitar en la actualidad sustituyó una antigua construcción gótica, “que debimos tenerla aquí antes del siglo XV”. Entre sus capiteles y pilares se desprende el aroma de Juan Herrera, el arquitecto de El Escorial. El italiano Juan Andrea Rodi se basó en su obra para construir las galerías del claustro de la catedral conquense en el XVI, arquitecto que también diseñó la capilla del Espíritu Santo, contigua al claustro.

    Once años cumple abierto tras la restauración que se llevó a cabo gracias al Ministerio de Cultura y al Plan de Catedrales que puso en marcha. “Era un claustro con una piedra más gris que se desmorona fácilmente, por ello la restauración consistió en colocar miles de microinyecciones de resinas para coser cada una de las pilastras y las piedras. También se repusieron algunas basas, la parte inferior de los pilares”. El proceso fue delicado y complejo. Además, se añadió la salida a los patios, unos grandes desconocidos, pero unos impresionantes miradores que hacen de la Catedral un monumento colgado más. “Los llamamos Patios de la Limosna porque por allí pasaba el Camino de la Limosna”.

    Y así, con el agua de la fuente central cayendo y el eco de sus galerías, conocemos el claustro, el halo de aire fresco que envuelve a la Catedral en una brisa calmada, sencilla y austera.

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