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Rincones de la Catedral: Los Vitrales, magia, luz y color

Conocemos el espectáculo de luces que forman los vanguardistas vitrales de la Catedral de Cuenca, una sensación única que cambia de color cada día, cada hora y en cada estación.

16/10/2021 - Redacción
16/10/2021 - Redacción
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  • Como un mago que, con su varita, ilumina la Catedral de Cuenca a través de unas lupas de colores que se transforman de manera espontánea y armoniosa. Tradición y modernidad confluyen en los vitrales de la Catedral de Santa María y San Julián de Cuenca. El edificio continúa añadiendo nuevos capítulos a su libro de Historia del Arte que comenzó a redactarse hace ocho siglos y el de los vitrales es uno de los últimos escritos incorporados. “Esta Catedral, con el paso de los siglos y las inclemencias meteorológicas, había perdido todos sus vitrales originales, por lo que tenemos que imaginarla en el siglo XII y XIII revestida de vitrales góticos”, cuenta para Life!Cuenca Miguel Ángel Albares, director de la Catedral.

    De las antiguas vidrieras se conserva el rosetón del Arco de Jamete, pero antes del diseño de los nuevos vitrales solo había cristales transparentes o placas de plástico en su mayoría rotas. Gracias al acuerdo alcanzado entre el cabildo de la Catedral, el Obispado de Cuenca y la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha se pudieron reformar los vitrales que hoy dan vida, luz y color a la Catedral, sus rejas, sus capillas y su pavimento.

    “Surge entonces el dilema de hacer unos falsos históricos (tratar de imitar vitrales que ya no hemos conocido, de otras catedrales) o, por el contrario, hacer algo novedoso”. Se optó por la segunda opción y encargaron su diseño a “artistas contemporáneos relacionados con el nacimiento del Museo de Arte Abstracto de Cuenca y con todo el mundo artístico que llegaron a la ciudad en los años 60 y 70”.

    Fue Henri Dechanet, maestro vidriero francés afincado en Cuenca, el encargado de comenzar a crear la Escuela Taller de Restauración de Cuenca a modo de cooperativa para enseñar la técnica al grupo de alumnos pertenecientes a “VITREA”, encargados de elaborar las piezas. Es el propio maestro quien toma las riendas de este proyecto. El diseño en clave abstracta fue obra de Gustavo Torner, Gerardo Rueda, Bonifacio Alonso y el propio Dechanet, a excepción del vitral de la capilla de San Mateo, ideado por el arquitecto Magín Ruiz de Albornoz.

    “Se hizo un programa iconográfico de lo que se quería plasmar, pero cada artista luego tuvo la libertad de expresar en sus propios vitrales la iconografía que deseaba utilizar para contar su historia”, añade Albares. Son vitrales informalistas, abstractos, explícitamente no ves lo que cada uno cuenta. Por ejemplo, los de Torner, situados en el Altar Mayor y en la nave derecha, están dedicados a la Creación, la Redención y la Salvación. “Es una lectura muy particular, porque aúna la manera en la que la explica el Génesis, pero también cómo la explica Stephen Hawking, incluso incluye la inteligencia humana o el ADN”.

    Por otro lado, Gerardo Rueda se encargó de los vitrales del triforio, donde se observan imágenes alegóricas a poemas de Dante. Bonifacio Alfonso elaboró las vidrieras dedidcadas a la Génesis de las capillas laterales y de la fachada principal y Henri Dechanet se encargó de las 30 vidrieras restantes distribuidas por las capillas y la girola.

    Al principio, la polémica se impuso al arte, pero hoy en día se han convertido en uno de los mayores atractivos del lugar, pues en España escasean en los edificios góticos y hay que viajar hasta Francia para observar obras similares. “Es el arte del siglo XX incorporado a la Catedral, como cada uno de los siglos y de los estilos artísticos que se han añadido desde su origen”.

    El director recomienda su visita todos los días del año y a todas horas porque el espectáculo de luces que ofrecen los vitrales cambia de manera constante. “No es lo mismo venir en primavera que en verano y desde que sale el sol por la cabecera de la Catedral hasta que se pone por la línea de fachada los rayos van recorriendo el sur del edificio y va haciendo un espectáculo de luz y color sobre las columnas, el suelo, los retablos, el arco de Jamete, las rejas… Pero si tuviera que elegir una época me quedo con el otoño a las doce y media del mediodía, cuando más radiante queda la Catedral”.

    Los vitrales permiten que la luz conquense incida en la Catedral y la convierta en un escenario pintado de tonos novedosos que caen sobre un papel ya experimentado en la batalla de la historia del arte que desea continuar incrementando y reescribiendo su patrimonio.

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