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Seis rincones de la provincia para disfrutar del otoño en todo su esplendor

El otoño es la estación ideal para visitar Cuenca, cuando se funden los tonos dorados y ocres con el gris del cielo encapotado.

Actualizado: 10/10/2022 7:06 - Redacción
Actualizado: 10/10/2022 7:06 - Redacción

El ocaso del verano cae sobre Cuenca con un manto ocre pintado de hojas secas, que dan paso a un invierno gélido y que se empapan por las lluvias propias del equinoccio. El otoño es la estación en la que Cuenca embellece sus calles y sus pueblos, una época idónea para sacar el carrete y disfrutar del paisaje rural escuchando el silbido del viento.

En Life!Cuenca te proponemos seis lugares para visitar en otoño, que hace ya una semana se dejó entrever con la bajada de las temperaturas acaecida en los últimos días.

Villalba de la Sierra

La puerta principal de entrada a la Serranía acoge las aguas turquesas del Júcar y las envuelve de hojarasca. Más que conocidos son sus cortados a los pies del Ventano del Diablo. Colmado de setas y a escasos 20 kilómetros de la capital, podemos realizar una escapada rural sin necesidad de emprender un largo viaje.

En las inmediaciones encontramos también el Poblado del Salto de Villalba, una villa que data de mediados del siglo XX y que fue propiedad de Unión Eléctrica, sirviendo como hogar para los trabajadores de la central hidroeléctrica El Salto. Incluso contaban con talleres para llevar a cabo actividades y con una iglesia. Precisamente desde aquí se puede realizar la ruta de la Noria, de recorrido fácil y acompañados por la orilla del río Júcar. Otra de sus rutas más transitadas es la de la Piedra Yunque, una formación kárstica propia del terreno calizo de la zona.

Villalba de la Sierra cuenta también con El Cubillo, espacio natural protegido, a orillas de un molino y con un merendero donde pasar el día. Otra de sus joyas es La Noria, teñida de verde y bañada por el Júcar. La belleza de las inmediaciones se puede observar desde el mirador que muestra la zona de El tablazo.

Ya dentro del pueblo, la iglesia de Nuestra Señora de la Natividad custodia Villalba de la Sierra. Unida a las fuentes que se dejan entrever en las calles de la localidad, dejamos atrás el pueblo serrano. Podrás hacer un alto en el camino en la fábrica de cerveza artesana “La Ganchera”.

Uña

Desde Villalba de la Sierra llegamos hasta Uña por la Ruta del Canal, que traza su recorrido desde las alturas por encima de un conducto que transporta el agua desde Uña hasta Villalba de la Sierra. Los amantes del senderismo encuentran un lugar idóneo para pasear en mitad de la naturaleza, pues el pueblo se posa sobre una colina por la que también pasa el sendero del Escalerón a la Raya.

Un manto dorado de hojas a medio secar cubre la orilla de la Laguna de Uña, que podemos distinguir desde la carretera y que se encuentra custodiada por las casas serranas típicas. Un acogedor merendero nos permitirá también hacer un alto en el camino disfrutando de la fauna y la flora propias de las aguas estancadas.

Cerca se encuentra la Piscifactoría de Uña, un espacio dedicado a la cría y la repoblación de la trucha común y que suele ser visitada en familia o incluso por los centros educativos de la provincia. Dentro del núcleo de población encontramos también la iglesia de San Miguel Arcángel, con un arco triunfal y un Altar Mayor que merece la pena visitar. La ermita de la virgen del Espinar, encallada en las rocas, es el otro edificio religioso digno de ver en Uña.

Huélamo

Tejados rojos como la arcilla y casas blancas como la cal en pendiente angulosa nos aguardan en Huélamo, tierra pedregosa y serrana en estado puro. Los vestigios de un antiguo castillo de origen musulmán custodian el municipio, quedando así petrificada la huella cultural de nuestros ancestros, que convirtieron Huélamo en una de las principales fortalezas de Cuenca por su orografía. Con desniveles conectados por escalerones y pequeños remansos donde encontramos plazas acogedoras, el municipio liberado del dominio musulmán quedó a los mandos de los Caballeros de la Orden de Santiago.

Los muros de piedra se entremezclan con las fachadas blancas, con una tez brillante adornada por rejerías que ofrecen un sello propio al municipio, en armonía con la tradición serrana de tejados rojos y paredes blancas. El conjunto se observa ya desde la carretera, que serpentea el cerro hasta llegar al núcleo rural.

La margen izquierda del río Júcar nos ofrece un paisaje otoñal barnizado por las aguas gélidas que recorren la Serranía. Al otro lado encontramos la zona de El Pozuelo, un remanso preparado también para poder parar a comer en pleno entorno rural.

Image de Descubre Cuenca
Image de Descubre Cuenca

Cuenca: la hoz del Huécar
Es aquí y ahora donde la capital muestra su renacer en otoño. Paisaje de postal y para el recuerdo, la Hoz del Huécar nos sugiere un paseo ameno a los pies del casco antiguo y desde donde podremos ver las Casas Colgadas, el Convento de San Pablo (también conocido como El Parador de Cuenca) o la Posada de San José. En el recorrido encontramos a los lados las huertas, escondidas entre las dos paredes de piedra divididas por el cauce del río y fruto del origen calizo del terreno conquense.

Los miradores que encontramos a lo largo del trayecto nos ofrecen una panorámica de la ciudad que impresiona e impone a partes iguales. Tonos verdes en verano y amarillos y rojizos en otoño, las estaciones favoritas de los turistas para realizar esta ruta, nos acompañan en el tramo del Camino de los Jerónimos. La carretera de Palomera nos permite apreciar cómo las rocas han ido tallando un paisaje único que atraviesa el ahora inaccesible Puente de San Pablo.

Es recomendable visitar también a su hermana, la Hoz del Júcar, al otro lado del Casco Histórico, que se ha convertido en uno de los paseos otoñales más agradables de la ciudad. Cuenta con otra de las rutas más especiales de Cuenca, la que nos guía hasta la ermita de San Julián el Tranquilo.

Villanueva de la Jara

La villa de La Manchuela destaca por su amplio patrimonio monumental, como la Posada Massó, ubicada en la Plaza Mayor renacentista, que refleja el aspecto de la arquitectura pura de las posadas castellanas. Destaca a su vez Villa Enriqueta, que aglutina en su fachada la historia del arte viva todavía, donde conviven el modernismo y el neomudéjar para convertir al palacete en el foco de las miradas de los visitantes.

Edificios civiles y religiosos se suceden todos ellos caracterizados por hacer de Villanueva de la Jara un municipio pintoresco y colmado de historia. Es el caso del Ayuntamiento, junto a la Torre del Reloj, y de la Basílica de la Asunción, con un Retablo Mayor de imponente color dorado.

La estela de Santa Teresa de Jesús a su paso por Villanueva de la Jara perdura en el legado que dejó en el convento de Santa Ana, el Centro Teresiano y el convento del Carmen. En el pueblo también encontramos el convento de monjas concepcionistas, hoy convertido en un supermercado.
El fin de semana pasado celebraron las fiestas de San Benito y la Virgen de Loreto en su pedanía: La Ribera de San Benito, con parajes recorridos por el sonar del Júcar.

El Picazo

Pueblo de huertas que en otoño descansan sus tierras para prepararse de cara a la primavera. La iglesia de la Asunción es uno de sus principales focos de atracción turística que, sumado a las casas señoriales todavía conservadas, hacen de El Picazo un lugar único.

Imagen de Julián Temprado
Imagen de Julián Temprado

Escudos esculpidos en la piedra velan todavía los muros de las casas-palacio, que se pusieron en pie allá por los siglos XVI, XVII y XVIII, principalmente.

Hogar del Jubilado. Imagen de Julián Temprado
Hogar del Jubilado. Imagen de Julián Temprado

Cerca yacen las Hoces del río Júcar, desde donde se inmortaliza un cuadro otoñal primoroso. Antes, podíamos disfrutar del tintineo del río desde La Pradera, un merendero que forma una acogedora playeta en su orilla, pero en la actualidad se encuentra cerrado. Este fin de semana han celebrado sus fiestas en honor a la Virgen del Rosario.

La Pradera. Imagen de Julián Temprado
La Pradera. Imagen de Julián Temprado

Seis lugares donde fantasear entre caminos de tierra, piedras o asfalto, siempre acompañados del otoño caduco y de sus vientos, que bailan al compás de las lluvias de octubre y que nos regalan estampas conquenses dignas de portada.

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