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Carmen Torrijos, experta en convertir el lenguaje humano en lenguaje formal

Entrevistamos a Carmen Torrijos, una conquense que podemos decir que dedica su vida profesional a enseñar a "leer", "comprender" y "hablar" a los aparatos electrónicos.

4/5/2020 - Redacción
4/5/2020 - Redacción
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  • Carmen Torrijos es una de esas conquenses que se ha dedicado a conquistar el mundo. En su caso conquistando el mundo tecnológico a través de su perfil humanístico. En la actualidad vive en Madrid y se ha convertido en un referente en el mundo de la lingüistica computacional. Vocación y mucho esfuerzo la sitúan en la cima de su carrera, que desarrolla desde 2014 en el Instituto de Ingeniería del Conocimiento.

    ¿Quién es Carmen Torrijos?

    Una persona que intenta avanzar combinando la intuición, el esfuerzo, el cálculo de lo que es mejor y también algún golpe de suerte.

    Tu vida laboral gira en torno a la comunicación y la lingüística, ¿vocación?

    Vocación sin duda. Siempre me gustó la lingüística, los idiomas y escribir, y nunca me planteé nada que no fuera lo que he hecho: bachillerato de humanidades y carreras de letras. Lo que ocurre es que después la vida te lleva por caminos inesperados. Entrar a trabajar como lingüista computacional en el Instituto de Ingeniería del Conocimiento me ha abierto un mundo enorme en cuanto al estudio del lenguaje, tal y como yo lo conocía pero con muchas más posibilidades.

    Quizás entender lo que haces es algo complicado, ¿cómo explicarías a qué te dedicas para que todo el mundo lo entienda?

    La lingüística computacional combina el estudio de las lenguas con la informática. Consiste en el procesamiento automático del lenguaje natural: conseguir que las máquinas capten el lenguaje humano, tanto en voz como en texto escrito, lo procesen en grandes cantidades y nos permitan extraer datos estadísticos que los humanos tardaríamos mucho tiempo en obtener. Por ejemplo, cuando se lanza una encuesta a cientos de miles de personas que responden por escrito, es imposible para un humano leerse todas esas respuestas, tardaría años. Sin embargo, un sistema entrenado por lingüistas puede hacerlo en un tiempo muy razonable (unos minutos), y puede darnos información estadística sobre ese conjunto de textos: qué palabras o temas se mencionan más, qué entidades (personas, organizaciones, lugares) aparecen en las respuestas, o incluso el sentimiento expresado, cuántas personas dan una opinión positiva y cuántos dan una opinión negativa sobre lo que se está preguntando. Trabajamos en la configuración de esos sistemas para poder dar respuesta a empresas e instituciones que tienen grandes cantidades de datos en texto por analizar, como ocurre con las historias clínicas en el sector sanitario, o en empresas privadas que quieren analizar lo que se dice de ellas en redes sociales.

    Entrar a trabajar como lingüista computacional en el Instituto de Ingeniería del Conocimiento me ha abierto un mundo enorme en cuanto al estudio del lenguaje, tal y como yo lo conocía pero con muchas más posibilidades.

    Has llegado a convertirte en un referente en Lingüística Computacional, ¿qué se siente al ser líder de opinión en el campo en el que trabajas?

    Lo mejor de tener un poquito de voz es que puedes tratar de enviar a la sociedad algún mensaje que merezca la pena. En mi caso, intento que nos cuestionemos las barreras que hemos construido entre las ciencias y las humanidades. Me esfuerzo en dar a conocer el equipo en el que trabajo, que está compuesto por lingüistas, traductoras, ingenieros de software y científicos de datos, para extender la idea de que la colaboración entre gente con diferentes visiones de los problemas es fundamental para hacer avanzar la tecnología, la inteligencia artificial y en general cualquier campo del desarrollo humano. Otro mensaje que intento dar es que la gente de humanidades tenemos cabida en el mundo tecnológico, siempre que estemos dispuestos a enfrentarnos al aprendizaje constante que requiere, y siempre que seamos capaces de abrir nuestras miras a salidas laborales diferentes.

    Carmen Torrijos
    Carmen Torrijos

    Tu trabajo consiste en transformar el lenguaje humano en lenguaje formal, ¿podríamos decir que enseñas a los aparatos electrónicos a hablar, leer y entender?

    En cierto modo sí, pero hay que tener cuidado con las metáforas. Lo llamamos “leer”, “comprender” y “hablar” porque les damos el nombre de los procesos cognitivos humanos que conocemos, pero en realidad las máquinas solo saben hacer dos cosas: procesar y calcular. Esto significa que podemos conseguir que hagan algo parecido a escuchar el lenguaje humano si podemos trasladarlo al suyo, que son los números. Una letra, una palabra o un texto, para que la máquina pueda procesarlos se convierten en números, y todo lo que llamamos “comprender” son en realidad cálculos complejos que la máquina realiza con ellos. Por ejemplo, si le indicas que “salí del teatro” y “me salí del teatro” son estructuras muy parecidas pero que expresan situaciones muy diferentes, las diferenciará numéricamente, pero no comprenderá el matiz como lo hacemos nosotros.

    Hablas sobre tener sensibilidad al lenguaje, ¿se puede “enseñar” a una máquina a entender las emociones?

    Se puede enseñar a una máquina a identificar las emociones, pero no a entenderlas. Desde hace unos años ya es posible que las máquinas detecten, a través de las palabras que decimos e incluso del tono de voz, si sentimos ira, tristeza, alegría o miedo. Las personas que configuran estos sistemas sí necesitan una alta sensibilidad al lenguaje que no todo el mundo tiene. Pero la prueba de que para las máquinas es solo detección, y no una comprensión profunda, es que no son capaces de reaccionar ante ellas. Interpretar las emociones de los demás y tener una reacción correcta es muy difícil, ni siquiera los humanos lo hacemos del todo bien…

    Últimamente se habla mucho sobre cómo los móviles, ordenadores, Alexa, Siri pueden escucharnos y entender qué queremos, ¿crees que podría convertirse en un problema en el futuro que manejen tanta información personal nuestra y puedan llegar a tenernos controlados?

    Creo que el problema no serán nunca los avances tecnológicos, sino las personas y los intereses que pueda haber detrás, y sobre los que todos tendríamos que informarnos mejor. El precio que pagamos por que un sistema nos recomiende la música que nos gusta, o por poder marcar nuestros lugares favoritos en un mapa, es que alguien esté guardando nuestras preferencias en algún sitio. Estas tecnologías no serían posibles sin estos datos, y nadie hubiera invertido en ellas si no fuesen a sacarles algún rendimiento, como por ejemplo la publicidad personalizada. No hay que preocuparse por las máquinas, hay que preocuparse por quién las controla.

    "Se puede enseñar a una máquina a identificar las emociones, pero no a entenderlas. Desde hace unos años ya es posible que las máquinas detecten, a través de las palabras que decimos e incluso del tono de voz, si sentimos ira, tristeza, alegría o miedo."

    Eres muy joven y ya lo has conseguido casi todo laboralmente hablando, ¿qué te queda por hacer?

    ¡Muchísimo! En lingüística hay que seguir al día de las investigaciones, y en tecnología puedes encerrarte durante días a estudiar algo nuevo, y cuando terminas, han descubierto algo que lo supera. Es el encanto y la dificultad a la vez de trabajar en una disciplina combinada, no paras. Por no hablar de la programación, en la que soy todavía bastante principiante.

    Vives en Madrid y dejaste Cuenca hace muchos años ¿se echa de menos?

    Mucho, claro. En Madrid me siento en casa, pero en Cuenca está toda mi familia, que son la razón fundamental por la que vuelvo. También tengo amigos a los que solo veo en Cuenca, y muchas emociones asociadas a recuerdos de la infancia que vuelvo a buscar año tras año, en Navidad o en Semana Santa, y que siempre siguen ahí. Además, en esta ciudad el aire se puede respirar, por la noche se escucha el silencio y ahora solo estamos a 50 minutos. Tener casa aquí (gratis, gracias mamá) es todo un lujo.

    Carmen Torrijos
    Carmen Torrijos

    ¿Algún rincón favorito que no dejes de visitar cada vez que vuelves a casa?

    Caminar por los paseos del Júcar y del Huécar, hasta lo más lejos que pueda, si tengo más tiempo. Si tengo poco tiempo, una subida rápida al Castillo y una cerveza en el mirador hacia la hoz del Huécar, si puede ser a la hora de la puesta de sol. Y vuelvo a Madrid con las pilas cargadas.

    ¿Qué promocionarías de Cuenca para que alguien viniese a conocerla?

    Creo que a la gastronomía podríamos darle un impulso mayor. Soy una foodie, tengo una lista con los restaurantes de Cuenca que he probado y los que me quedan por probar, que ya son pocos, y puedo decir que en la ciudad hay una calidad muy alta. Solo falta cuidarla y darla a conocer como atractivo turístico junto con nuestro espacio natural. Es la combinación perfecta.

    Muchas gracias Carmen por concedernos una entrevista cercana, donde nos cuentas con detalle y de forma fácil en qué consiste tu trabajo. Cuenca tiene muchas cosas buenas y una de ellas es tener a personas que como Carmen triunfan y marcan la diferencia.

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