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Juanjo Alfaro, un premiado de ensueño

El bibliotecario protagoniza por primera vez su propia historia al conseguir el premio de Animación a la Lectura María Moliner con su actividad ?Lee, actúa y conciénciate ¡Jugando!?, situando a Villar de Olalla entre las diez mejores bibliotecas de municipios menores de 50.000 habitantes en toda España.

28/12/2020 - Laura Benedicto
28/12/2020 - Laura Benedicto

En la mesa de creación desde la que transforma sus sueños en teatro y juegos nos espera Juanjo Alfaro, galardonado recientemente con el Premio María Moliner 2020. Su voz grave, propia de narrador de cuentos y dramaturgo profesional, nos da las buenas tardes. Aunque, al felicitarle por su hazaña, emerge un timbre agudo y entrecortado: “No me lo puedo creer, te juro que no me lo podía esperar”. Y, ciertamente no se lo cree. El brillo de sus ojos y la sonrisa que esboza el movimiento de la mascarilla le delatan. “Bueno, ya estoy empezando a creérmelo”, confiesa entre risas desde su humildad, que habla por sí sola cuando manifiesta que el premio lo ha ganado la biblioteca de Villar de Olalla y no su imaginación, su capacidad de resiliencia, su afán por forjar un hábito lector sólido entre los habitantes de este pueblo y su lucha constante por mantener viva la llama de la cultura en el confinamiento. “No puede ser que pase una temporada y que nadie sepa nada de la biblioteca” y, por ello, se lanzó a las redes sociales en busca de todo aquel que quisiera sucumbir a las locuras de Juanjo y su sombrero durante el Estado de alarma para amenizar el encierro, siempre con un fin: leer, imaginar y jugar.

Juanjo huye de formalismos y se adentra en una conversación alejada de la típica pregunta-respuesta entre entrevistador y entrevistado. Lamenta el hastío que provoca abrir las puertas de su biblioteca y que los puestos de lectura se encuentren vacíos, que el silencio ensordecedor se apodere del rincón de la literatura infantil y que el préstamo en edad escolar haya caído en picado. Sin embargo, obtener este reconocimiento carga sus energías para embaucarse en nuevas aventuras: “El verano fue duro porque no estaba prohibido el paso, pero sí la estancia. Todas las sillas y las mesas estaban precintadas. Y, acostumbrado al 2019 (año del XX aniversario de la biblioteca) y al verano, que venían más niños y más preparaciones, a mí se me caía el alma a los pies”.

“Para mí, las obras que escribo son como sueños, porque son de esas cosas que estás medio dormido y te empiezan a venir a la cabeza, como chispillas que te llegan"

El dispensador de gel y una caja para que los libros guardaran la cuarentena obligatoria tras cada préstamo conformaban el decorado en medio de un espacio inusualmente diáfano. Hoy, que las restricciones han comenzado a relajarse, encontramos también un baúl cerrado, que aporta el halo de misterio que siempre han caracterizado a Juanjo y a sus actividades. De hecho, en su afán por animar a los niños de la localidad a formarse como ávidos lectores, transforma la lectura en juego y el aprendizaje en Cuentacuentos, yincanas culturales e incluso scape rooms. Y, aunque la palabra no le agrade, la “gamificación” se erige como el pilar fundamental del proyecto premiado, con el que espera atraer al colectivo que todavía se le resiste: los adolescentes. No solo con el fin de animarlos a leer, sino también como estrategia de intervención social a través del empleo del juego dramático para tratar asuntos como la violencia de género y para desarrollar las obras de teatro que lleva a cabo cada año con sus “ángeles”, los estudiantes del último ciclo de primaria del colegio de Villar de Olalla. Y es que parece que sus gafas azules le ayudan a observar el mundo a través de los ojos de un niño, como si tuviera una lupa que refleja sueños inocentes que más tarde convierte en realidad:

“Para mí, las obras que escribo son como sueños, porque son de esas cosas que estás medio dormido y te empiezan a venir a la cabeza, como chispillas que te llegan. Me pasa eso, me viene la chispita. Por ejemplo, en la de este año (Islas, que también ha formado parte del plan premiado) me basé en las dos familias de Romeo y Julieta para realizar una alegoría del ambiente de crispación que hay ahora. Si tú no piensas como yo ya eres mi enemigo. De la política se estaba llevando a la sociedad esa falta de empatía. Son payasos en la obra porque reflejan un enfrentamiento absurdo. Luego están Romeo y Julieta, que son los únicos que emergen en medio de tanta discusión”.

La Covid nos ha privado de Islas y de otros muchos proyectos que Juanjo no ha podido idear al preguntarle si, tras más de veinte años de originalidad, nos queda algo nuevo por ver: “No lo sé, porque muchas veces improviso. Cada año se me ocurre alguna cosa más… aunque en el 2020 no, porque con esta situación no se puede hacer nada”.

Pero, como buen hechicero de libros, siempre guarda algún brebaje especial. Y el cofre de la entrada parece el ingrediente secreto de este año: “Bueno, ahora se me ha ocurrido lo del baúl, que es una especie de scape room, un juego en el que participan al final de la actividad con pistas y dentro, al abrir el candado, está el mayor tesoro del mundo”. Y al preguntarle por la representación de este año… Sorpresa: otra idea que guardaba bajo la manga de su jersey azul: un teatro radiofónico adaptándose a la nueva normalidad. Porque, pese a haber alcanzado el podio cultural, su mayor deseo no ha cambiado: mantener el habitual trasiego de la biblioteca. “Un trabajo como este es muy frágil y como no estés día a día se empieza a diluir y se pierden hábitos rapidísimo … Si pasa un año y no organizas nada, cuando vuelves a arrancar es más difícil”.

Juanjo ha convertido su pasión por la cultura en su profesión, que nunca soñó, pero que fue dibujando desde que se embaucó en el mundo del teatro profesional mientras cursaba sus estudios en Geografía e Historia. Las tablas le brindaron la oportunidad de conocer a diversos gestores culturales y, desde entonces, supo que deseaba llevar a cabo esta misma labor en algún barrio o pueblo, lugares hogareños en los que crear lazos estrechos: “Los primeros años no fueron duros, pero es cierto que llegas a un sitio pequeño, te viene una persona nueva a la que no conoce nadie y tienes que tener mucho contacto con la gente. Al principio necesitas un poco de tanteo”.

ADMIRADO POR TODOS

Pero pronto se familiarizó con un municipio representado por las instituciones locales, el alcalde Santiago Valverde y sus concejales, de los que asegura haber sentido siempre un apoyo incondicional. La población también le agradece su labor por el medio digital: “Cuando durante la cuarentena vi que “el teatro de Juanjo” aparecía en el challenge de Instagram del “Yo nunca he… versión pueblo”, me alegró mucho. Me hizo muchísima ilusión. Lo ponen como algo tradicional del pueblo y cuando me enteré se lo mandé a mucha gente”. Y, aunque rehúsa las redes sociales cuando estas solo ejemplifican reproches y odio, reconoce que la cultura debe pixelarse: “Tiene que adaptarse a las redes en este momento. No solo por el entretenimiento, sino por la formación y el crecimiento personal. Ahora me han venido bien, porque para la biblioteca son un tablón de anuncios. Desde que empezamos a subir información hubo más gente que se acercaba”.

Sus cuentacuentos para los más peques de la casa se trasladan también al formato online y asegura tajante que lo lleva “fatal”. Ya no le acompaña su mítica nariz de payaso. Ahora, opta por pelucas, sombreros y, sobre todo, la sonrisa que se le refleja al imaginar que los niños, aunque no puedan sentarse ante su silla como cada viernes, siguen escuchándole tras una pantalla que se ha convertido ya en su fiel aliado.

Juanjo se ha escondido durante 21 años detrás del telón desde que tomó los mandos de la biblioteca de Villar de Olalla. Pero, por primera vez, representa el papel protagonista de la obra que le hubiera gustado escribir, aunque nunca consiguió soñar: ganar el Premio María Moliner para seguir transmitiendo la cultura como un juego de niños.

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