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Fotografía de María Fernández
Fotografía de María Fernández

Marta Peñuelas y su incesante empeño por resistir en la España despoblada

Desde hace poco más de 20 años, regenta el bar-restaurante y catering "La Venta de los Montes" en el municipio de Cañada del Hoyo, que con el paso de los años, crece y resiste, y que se ha ganado renombre en la provincia de Cuenca, e incluso, en la región.

Actualizado: 9/3/2021 12:37 - Vanesa Moreno
Actualizado: 9/3/2021 12:37 - Vanesa Moreno
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  • Mujer rural, empresaria, hostelera, madre. Marta Peñuelas sabe bien lo que es luchar por lo suyo, no separa su ámbito laboral y su condición de mujer porque es conforme lo ha vivido, no conoce más que llevar sus propias riendas, en la España despoblada, donde no hay ni carros que dirigir. Pero ella encontró el suyo, vio el camino y emprendió el viaje que le llevó hasta donde está ahora, hasta su hogar.

    Quién le iba a decir a sus apenas 20 años que a partir del negocio de sus suegros conseguiría explorar rutas más allá de su Venta de Los Montes en Cañada del hoyo. Qué decir tiene que en la hostelería se sufre, se trabaja duro, y además, puede llegar a ser un punto en el que emerja el machismo. “En mi trabajo no me he sentido discriminada, pero sí es cierto que he escuchado comentarios como “y encima es mujer”, pero siempre los he ignorado. De hecho, he trabajado en mundos muy machistas, como por ejemplo, el de la caza. Aunque nunca me han faltado el respeto, entre otras cosas, porque tampoco me he dejado, nunca me he considerado menos que los demás”, afirma Marta.

    Por suerte, no le ha hecho falta demostrarle a nadie que el hecho de ser mujer no era un impedimento, simplemente, actuó. Nadie renegó de su condición de mujer, nadie le dijo que no a la hora de llevar su propio negocio; tan solo hizo falta su ímpetu, inquietud y esfuerzo, que se dice poco, para ser reconocida incluso a nivel nacional. Presidenta de la Asociación de Mujeres de CEOE Cuenca, ganadora del premio CECAM 2019, y otros tantos reconocimientos a nivel local y regional son evidencias de que el trabajo duro, acaba teniendo recompensas.

    Fotografía de María Fernández
    Fotografía de María Fernández

    A todos los esfuerzos que requiere su profesión, hay que añadir el handicap de vivir en una zona en riesgo de despoblación. “Sacar un negocio en la España despoblada es muy complicado. Es verdad que se están dando muchas facilidades, hay más ayudas, organizaciones que apuestan por ello, se habla mucho de la despoblación... pero es muy complicado, tienes que ser joven y tener muchas ganas de emprender, y tener tus ideas muy claras”, alega Peñuelas.

    Sin embargo, hay veces que todo se reduce a lo más básico, por muchas ayudas que se ofrezcan. Tal y como cuenta Marta, “si por la puerta de tu negocio no entra nadie, no se consume. Los pueblos están tristes, no ves a los niños jugar por las calles, y la gente ya se ha acostumbrado a esta situación; al final se acaban yendo a la ciudad, aunque trabajen aquí. Aun así, yo volvería a hacerlo con los ojos cerrados, me compensa”.

    Le compensa permanecer en su hogar, en su pueblo, a pesar de su decadencia progresiva, y esforzarse por continuar con su familia en el entorno rural, siendo consciente de lo que ello significa. “No quisiera tener que acabar por irme a Cuenca, buscaré miles de alternativas. Mi hijo mayor pudo estudiar sin tener que irnos del pueblo, gracias al tren y con complicaciones, pero se pudo. En cambio, con mi hija pequeña no sabemos qué pasará, pero seguramente, depender del coche constantemente”, relata Marta.

    Qué habría hecho si no se hubiera dedicado a la hostelería es una gran incógnita para Marta Peñuelas, su constante trabajo no le ha dado pie a planteárselo, pero lo que sí tiene claro es que habría permanecido en el mundo rural. “Nunca me ha faltado trabajo, entonces nunca me he planteado otra cosa y todo lo que he ido viviendo en el ámbito laboral, me lo ha traído la vida. Al poco de llegar a Cañada, empezamos a trabajar con los autobuses de la CCM. Poco a poco, se empezó a dar monterías estando el comedor en obras, sin mesas ni sillas, teníamos que darlas por la ventana, y ellos mismos fueron los que me dijeron que me fuera con ellos a dar una montería de catering. Empecé dejando el comedor sin mesas ni sillas porque me las llevé en un carro prestado, y después de esa, vinieron otras. Realmente, ha sido la clientela la que ha ido demandando y la que ha hecho que esto haya llegado hasta aquí, me he ido adaptando a sus demandas y eso ha hecho que mi negocio sea ahora como es”, asegura Marta, cuyo negocio ha evolucionado de gran forma en los últimos 12 años aproximadamente.

    No duda cuando se le pregunta sobre su futuro a largo plazo: “seguiré aquí trabajando como hasta ahora”. Ni la lotería podría dejar a Marta sin ganas de trabajar, su inquietud e ilusión vale más que eso. Ahora toca recuperar lo que la pandemia canceló, reajustar la agenda a la situación, reprogramar eventos pendientes y como siempre, seguir trabajando.

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