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Imagen cedida por Tomás Mercedes
Imagen cedida por Tomás Mercedes

Tomás Mercedes: "El alfar es mi casa, no solo el taller de mi padre"

Ante la inminente apertura del alfar, hablamos con Tomás Mercedes, hijo de Pedro Mercedes, para reconstruir los recuerdos que guarda junto a su padre en el taller que convirtió en su hogar.

Actualizado: 22/1/2022 13:38 - Laura Benedicto Melero
Actualizado: 22/1/2022 13:38 - Laura Benedicto Melero
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  • Las vivencias, como la cerámica, se cuecen a fuego lento, se adornan con anécdotas, se pintan de añoranza y se matizan de alegría, mucha alegría, la misma que se llevó Tomás Mercedes al recibir la noticia de que el alfar de su padre estaba ya listo para la inauguración. “La reforma había acabado y ya nos encontrábamos a la espera de que se fijara una fecha”, contaba hace unos días para Life!Cuenca. Y así ha sido, porque el próximo 11 de febrero el hogar de Pedro Mercedes abrirá sus puertas al público por primera vez.

    Tras casi veinte años intentando cumplir el sueño que tenía Pedro, la familia Mercedes está a punto de volver a fraguar su amor por el artista en su centro de creación. “Estoy impaciente, esperando que sea ya ese momento. Estaban todas las piezas puestas y ya faltaba solo marcar una fecha”, comenta emocionado Tomás.

    El objetivo de Tomás desde que su padre dejó de raspar la tierra para moldear el cielo ha sido el de abrir las puertas del alfar. “Mi padre transmitía tanta pasión por su oficio y por su alfar que yo tenía que ser muy mal nacido para no seguir con esta historia que mi padre llevaba tan adentro”. Toda su familia ansía que la ciudadanía conquense pueda ya disfrutar del legado de Pedro Mercedes.

    Imagen e Pedro Mercedes, cedida por Tomás Mercedes
    Imagen e Pedro Mercedes, cedida por Tomás Mercedes

    Los recuerdos que Tomás guarda del alfar no son buenos, “son fabulosos. El alfar es mi casa, no solo el taller de mi padre”. Entre sus paredes ha jugado, ha molido la tierra para convertirla en polvo e incluso ha creado juguetes con los listones que su padre tenía para el horno. No olvida tampoco a los trabajadores que creaban arte junto a su padre, ni tampoco las visitas que recibían deshaciéndose en halagos no solo ante el talento de Pedro, sino también ante su forma de ser. “Esas cosas a mí se me van quedando grabadas como un crío. Son recuerdos de los que no te das cuenta y que luego los vas almacenando”.

    La magia con la que Pedro fabricaba sus piezas bajo la atenta mirada de su hijo le ha valido a Pedro para describir lo especial que puede llegar a ser presenciar ese proceso creativo. El lugar favorito del artista está ligado precisamente a su gen innovador, pues le gustaba pasar tiempo en el diminuto espacio en el que guardaba sus utensilios junto a su pequeña mesa y su silla. Aunque Tomás destaca también la sin par zona de los tornos y, como no, el horno, “con un encanto especial”.

    Imagen e Pedro Mercedes, cedida por Tomás Mercedes
    Imagen e Pedro Mercedes, cedida por Tomás Mercedes

    En un recóndito rincón del Barrio de San Antón, se posa la bella obra de arte y de historia. Allí, encontraremos “piezas geniales de mi padre realizadas a lo largo de toda su vida de una indudable calidad artística. Pero también se va a encontrar la tradición de tantos alfareros y olleros que ya han pasado por esas paredes desde el siglo XV que se ha fechado la existencia de este alfar y se va a encontrar historia, cultura y arte”. Todo ello será gestionado por el grupo Lamosa, que ha conseguido la primera licencia para regentar un espacio que Cuenca pronto erigirá como una parada de obligada visita.

    Lejos de ser un mero lugar de paso, se convertirá en punto de encuentro, pues albergará la organización de talleres de alfarería. “Esto, sumado a las charlas artísticas y reuniones de arte que van a hacer en salas anexas al alfar, son cuestiones interesantes que le van a dar vida”, la misma que le hubiera gustado que tuviera Pedro.

    “Mi padre quiso inculcarme el oficio, hubiera querido que fuera alfarero, pero vio que yo no podía continuar. No podía seguir con las cualidades que tenía mi padre, no solo las artísticas, también el amor a su profesión, porque eso no se hereda”. Pese a que no pudo ayudarle en el proceso creativo, ahora desempeña una labor primordial para dar a conocer y seguir engrandeciendo la figura de Pedro, al que describe con una sinceridad embaucadora.

    Tomás junto a su padre
    Tomás junto a su padre

    Diversas problemáticas han dilatado en el tiempo su remodelación y puesta en marcha. Un año hace desde que se finalizó la rehabilitación del alfar, después llegó el plan museístico y la solicitud de los permisos correspondientes. Pero a lo largo del tiempo “han sido muchos sinsabores y energías por parte de nuestra familia y algún que otro disgusto, pero por fin ya a través del consorcio Ciudad de Cuenca se consiguió”. Asignatura pendiente de autoridades e instituciones hasta ahora, Tomás esclarece algunos de los motivos por los que el alfar no ha sido una prioridad: “En primer lugar, no se encuentra en la zona alta de la ciudad. Además, cuesta dinero, aunque estoy seguro de que la inversión va a dar resultado, porque gana el arte, la cultura y también el turismo”.

    Veinte años de lucha de una familia obstinada ha conseguido mantener vivo el fragor del talento de Pedro Mercedes, plasmando su triunfo en la apertura del alfar. Comienza la cuenta atrás para convertir el hogar de la familia Mercedes en un museo de la cerámica de Pedro, de sus aromas, sus recuerdos, su gen artesano, su talante y su talento.

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