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Alhajas y joyas del pasado

La directora del Archivo Histórico de Cuenca, Mª de la Almudena Serrano Mota, nos vuelve a acercar un poco más a la historia de nuestra provincia, esta vez hablándonos de las alhajas y joyas que se usaron en siglos pasados

29/10/2021 - Mª de la Almudena Serrano
29/10/2021 - Mª de la Almudena Serrano
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  • Dedicamos estas líneas a saber algo certero, más allá de lo que en nuestra imaginación podamos albergar, acerca de las alhajas y joyas que se usaron en siglos pasados, de la mano de lo que nos cuentan de ellas la prensa y los documentos que se conservan en los Archivos Históricos de nuestro país, en particular, el Archivo Histórico de Cuenca.

    Hay muchos datos de aquellas joyas y podemos conocer bastantes detalles de cómo eran, quiénes las poseían, lo que costaban, la relativa frecuencia con la que sus dueños las perdían y extraviaban, y algunas personas honradas que, si las encontraban, las entregaban.

    Comenzaremos este pequeño repaso a esta historia de las joyas contando que, por supuesto, se hacían constar en los Testamentos, además de en otros documentos, como los Inventarios de bienes.

    Por ejemplo, en el año 1510, se hizo un inventario de bienes en el que en un apartado especial se incluyeron los objetos de oro y plata.

    En un primer momento, la nobleza fue quien tuvo más objetos de metales preciosos, pero con el paso de los años esto fue cambiando y otras personas adquirieron o recibieron anillos, collares, alfileres, hebillas, colgantes, pendientes, etc, de oro, plata, perlas o diamantes, pero, por ejemplo, durante el siglo XVI, efectivamente, la nobleza destacaba.

    Por ejemplo, en el año 1535, Luisa de Cabrera y Bobadilla, hija de los primeros marqueses de Moya, dejó un mandato en su último testamento para que se comprase y señalase una renta anual de 32 mil maravedís y se diesen al convento de Tejeda, para que la lámpara de plata que les había dado ardiese de día y de noche, delante del Santísimo Sacramento de Nuestra Señora de Tejeda, y así se comprase el aceite necesario con los 32 mil maravedís que dejaba de renta anual. Los marqueses de Moya sucesivos continuaron haciendo donaciones de otras joyas a este célebre convento.

    Estas donaciones a instituciones eclesiásticas fueron bastante frecuentes por parte de los fieles devotos.

    Un ejemplo más de aquella piedad religiosa fueron las donaciones valiosos objetos ocurrió en el año 1589, en que el alférez mayor perpetuo de La Roda recibió de su sobrino, capitán residente en Cádiz, una lámpara de plata de 80 marcos para que la entregase al convento de Fuensanta, en Albacete.

    Abundan los ejemplos de caballeros que hacían estas ofrendas. Tal ocurrió con Pedro Suárez de Figueroa, en Belmonte, según testamento que otorgó en este lugar el 5 de enero de 1621.

    En la cláusula 20 de su testamento dice así:

    Yten, mando que una cruz de oro que hay en mi poder, que pesa tres onzas, y cuatro adarmes, y una campanilla de plata, y una aguja de oro con que se tocan las mujeres, todas juntas cuatro piezas, se lleven a la yglesia con una caja de plata de echar tabaco, las quales dichas joyas es mi voluntad se entreguen a la Colegial de esta villa para la dotación de un aniversario, con misa de réquiem y vigilia, que se ha de decir por mi ánima en cada un año, perpetuamente para siempre jamás, el día de Nuestra Señora de la Concepción, o en el de su octaba, con declaración que si con las dichas joyas no hubiere arto caudal para la dicha dotación de aniversario y misa y responso que se ha de decir en mi sepultura, se ha de cumplir de mis bienes, y si se sobrare se ha de volber a mis herederos.

    Tantas cosas se extraviaban que no podía ocurrir lo contrario con las pérdidas de alhajas. En estos casos, se ponían anuncios en la prensa como ‘Pérdidas’ y a continuación se describían las joyas. Un ejemplo de esto es esta noticia publicada en enero de 1788:

    Quien haya hallado un broquelillo de oro, lo entregará a uno de los porteros de casa del señor marqués de las Hormazas, calle de las Carretas, nº 19, quarto 2º.

    Otro anuncio fue este:

    El 19 de diciembre se perdió un relox en el camino Aranjuez. Quien lo hubiese hallado lo entregará en la calle Ancha de los Peligros, casa de don Félix de Argumosa, junto al parador de Barcelona, quarto, 2º

    Una sortija de un zafiro, ovalada, con orla de brillantes, y en el medio montada de oro, se perdió el día 7 de enero en el Coliseo de la Cruz. Quien la haya hallado la entregará en la calle de la puebla vieja, n 4, preguntando por la Comandanta de Voluntarios de Aragón.

    Una pulsera de oro, hechura de cadena, y un pendiente de metal dorado, se perdieron el 16 de diciembre desde la calle de Caballero de Gracia hasta las Monjas de santa Teresa, o en el juego de bochas de la calle de san Antón, se entregará en la puerta del sol, tienda casa nº 6, frente al Correo, en la qual se dará 2 duros de hallazgo.

    Un pendiente de arillo y calabacilla de oro se perdió el 6 del corriente a mediodía. Se devolverá en casa de don Francisco Serrano, calle de las Fuentes, nº 7, quarto 2º.

    Un zapato de niño con hebilla de plata, se perdió el 7 desde la puerta principal de Palacio, hasta la otra del Príncipe. Se devolverá a la prendería de la calle del Duque de Alba, nº 10.

    Por supuesto, también se perdían diamantes…

    Una bolsa de vadana encarnada y dentro un diamante embutido en hierro y madera, que sirve para cortar cristales, unos alicates, un cruxidor de hierro, una ringle de hueso, y otros instrumentos de vidriero se perdió el 8 desde la calle de Relatores, hasta la de las Carretas. Se devolverá al maestro vidriero que vive en esta última calle, frente a la botillería.

    Un alfiler de diamantes rosas, en hechura de flor con 6 hojas, puesto en tembleque, se perdió en 7 en la plazuela del Duque de Alba.

    Y también se extraviaba dinero y objetos de conventos e iglesias:

    Una vinagera de plata sobredorada se perdió por la tarde desde la casa del Oso o por la calle del Mesón de Paredes o la portería de la Merced calzada. Se devolverá al padre sacristán de dicho Convento.

    Una bolsa de badana con 8 duros en palta, 2 escuditos en oro y 50 reales en moneda suelta, se perdió desde la plaza mayor hasta la Real de San Luis.

    Una caxa de plata se perdió y se entregará al padre sacristán del convento de Trinitarios Calzados.

    Una cartera de ante con 3 pesos duros y 10 reales en plata suelta, se perdió el 8 desde el convento de las Ballecas hasta el de Calatravas a cuyo sacristán se entregará.

    Aunque, como indicamos al principio, también hubo personas honradas que anunciaban dónde se podía recuperar una cruz de oro perdida:

    Quien hubiere perdido una cruz de oro, acuda a la plazuela del Ángel, frente a la botica, quarto principal.

    Durante el siglo XVIII se publicaron noticias curiosas sobre pedrería, platería y cómo se blanqueaban las perlas. Veamos algunas de ellas, comenzando por la pedrería:

    No todos los diamantes son perfectamente blancos y claros. Los hay que amarillean o pardean, y para quitarles este defecto se procede en la forma siguiente.

    Se toma harina de cebada y cardenillo en polvo, después una piedra imán que se pone en el fuego a hacer asqua, en punto de calcinada, y en estándolo se apaga en vinagre muy fuerte, por 8 ó 10 veces.

    Con esta lejía de vinagre, con la harina de cebada y los polvos de cardenillo se hace una masa y con ella se empastan los diamantes, como si estuvieran metidos en un panecillo ordinario.

    Luego se pone a secar esta pasta a fuego lento, y al fin se aumenta el fuego bastante fuera por espacio de 4 horas, se deja enfriar y, estándolo, se rompe el panecillo, se sacan los diamantes y se lavan con legía de jabón.

    Ahora veamos cómo los consejos dados para tratar los objetos de plata:

    Para avivar y hermosear el color se hace un licor con onza y media de azufre, media onza de alumbre, media dragma de arsénico y otro tanto de antimonio. Se remuelen y hacen polvos todas estas materias.

    Estas operaciones continuaban de un modo algo sorprendente…

    Después se pone a hervir una cantidad de orines, espumándolos muy bien. En los orines se echan las materias precedentes, las unas después de las otras, y se remueven y dejan hervir muy bien. En esta composición se mete la obra dorada que se quiere avivar y se tiene en ella hasta que ha tomado el color que se desea.

    No podemos olvidarnos de las pérdidas de joyas y alhajas ocurridas durante las guerras, que se usaron para sufragar los gastos bélicos. Es el caso de la Guerra de la Independencia. Las Cortes de Cádiz decretaron que se estableciese una marca en las alhajas de oro y plata de las iglesias y particulares, y otras medidas para recoger más fácilmente la parte que se exigió de ellas. Así lo publicaron:

    Conociendo la gran necesidad de reunir cuantiosos fondos para poder sostenerlos inmensos gastos a que obliga una guerra tan justa como dispendiosa, han tenido presentes los decretos e instrucciones expedidas por la Junta Central en el año 1808 para recoger parte del oro y la plata labrada, así de los particulares como de las iglesias, con el loable objeto de aplicar uno y otro a las necesidades del Estado.

    Toda la plata y oro labrado que pasado dicho término se encuentre en poder de los particulares sin tener la marca establecida, será confiscada, y sus dueños sufrirán la multa de 4 tantos más de su valor, que se establece en el artículo XIV de la citada instrucción.

    Las alhajas menudas de poco valor intrínseco, que sólo sirven para adornos mujeriles, y están exceptuadas de este préstamo, lo estarán también de la marca.

    Las alhajas y piezas de plata u oro que tengan los plateros en su poder para la venta pública, y las que labraren en lo sucesivo con el mismo objeto quedan también exentas del préstamo, pero no las que tengan para uso propio.

    Los plateros no podrán comprar de los particulares piezas ni alhajas que no estén marcadas y en caso de hacerlo quedarán sujetos a las penas establecidas en el artículo tercero de este Decreto.

    Tampoco podrán tener como propias alhajas de particulares pues serán castigados con multas extraordinarias.

    Todo este oro y plata debía ser entregado en las Tesorerías Reales, con certificación de su peso y quilates.

    Alhajas y joyas que a través del tiempo sirvieron de adornos personales, regalos, inversiones o donaciones a iglesias y conventos, trascendieron los siglos. Muchas se perdieron por las calles; otras se usaron como bienes para sufragar guerras o salieron de España como preciado botín… Todo ello contado a través de nuestros viejos y valiosos papeles.

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