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Conventos y cuarteles de guerra

La Directora del Archivo Histórico Provincial, Almudena Serrano Mota, comparte con nosotros un nuevo artículo sobre cómo afectaron las guerras del siglo XIX a los conventos y monasterios de la provincia

20/5/2022 - Maria de la Almudena Serrano Mota
20/5/2022 - Maria de la Almudena Serrano Mota

La historia del siglo XIX en España trajo como consecuencia que para muchos conventos y monasterios fuese el comienzo de su fin. Una vez que fueron exclaustrados los frailes y monjas y declaradas sus propiedades como Bienes nacionales, al ejecutarse la legislación desamortizadora, pasando el Estado, como propietario, a disponer de ellos para los fines más inmediatos. Además, esta centuria fue una sucesión de conflictos armados, desde que comenzase el siglo con la Guerra de la Independencia, pasando por las Guerras Carlistas, todas con terribles resultados para aquellos edificios de trayectoria secular.

Así, el 3 de septiembre de 1836, el Administrador de rentas estancadas de Belmonte escribió esto acerca del convento de Franciscanos de Belmonte:

Habiéndome quedado encargado por usted del suprimido convento de religiosos Franciscos de esta villa, pongo en su conocimiento cómo el día 22 de este mes me fueron pedidas las llaves del convento para poner los ranchos de los Guardias Nacionales de esta, y habiéndomelas devuelto he pasado a ver cómo estaba, y me he encontrado con varias faltas, el órgano hecho pedazos, sin cañones ni tubos, los libros de coro y breviarios hechos pedazos por haber desclavado el coro y entrado en él, y algunas puertas rotas.

Esto lo comunicó el encargado del convento para que la justicia de esa villa hiciera el correspondiente expediente en indagación de los que hayan causado en el órgano el destrozo que se refiere.

Así, lo que se debía hacer en ese momento era reconocer los daños en él causados, a fin de que conste en el mismo expediente y pueda hacerse responsables a los causantes, con arreglo a las disposiciones que tenga a bien adoptar el señor Intendente de la provincia, a quien doy parte de esta ocurrencia.

Destrucción del órgano y libros de coro de los Franciscanos de Belmonte
Destrucción del órgano y libros de coro de los Franciscanos de Belmonte

Las guerras también causaron grandes daños en el convento de Dominicos de Carboneras de Guadazaón, que pasó a convertirse en material reutilizable para el castillo cercano.

Así, en 1845 se escribió de este inmueble que se alla bastante destrozado, cuya derrota la sufrió cuando edificaron el Castillo del Buen Suceso de la Cañada del Hoyo, donde se llevaron teja y algunos otros materiales, y la mayor y más considerable en los tres días de ataque, en este pueblo, cuando Cabrera copó la columna de operaciones de esta provincia, en el año 39 y días 31 de agosto, primero y dos de septiembre de aquel año, sin poder manifestar el número de ventanas, puertas y teja que en dichas dos épocas an desaparecido por no saber si cuando la supresión faltaban muchas, pocas o ninguna.

El convento de las Bernardas de Cuenca, en las proximidades de la Puerta de Valencia, fue uno de los elegidos para ser utilizado como Depósito de Quintos de Cuenca. Así, el 10 de diciembre de 1836, Juan Palacín pidió al Intendente se sirva mandar se me entreguen las llaves de uno de los conventos que se hallan cerrados, siendo muy conveniente el de las monjas Bernardas, por la proximidad al Campo para el ejercicio.

Las llaves del convento se pidieron, nuevamente, el 5 de enero de 1837 para acuartelar al Batallón de Tiradores de la Patria, que estaba, hasta ese momento, en el que fuera colegio de Jesuitas:

El Comisionado de arbitrios de Amortización procederá a la entrega del convento que se reclama para cuartel, previas las formalidades correspondientes que aseguren el estado en que actualmente se encuentra.

Según informó el capitán de la Compañía, Juan Antonio Fernández, este convento se componía de treinta y dos celdas, en los tres tránsitos del mismo, con sus correspondientes puertas, ventanas y trece llaves para el uso y alojamiento de la expresada compañía y depósito de los licenciados del mismo Batallón, cuyo encargo tiene, en el cual deberán acuartelarse todos.

Del mismo modo que sucediera con el órgano de los Franciscanos de Belmonte, en el caso del convento de las Bernardas el testimonio es absolutamente explícito. El 7 de enero de 1837, se informó de lo siguiente:

Extrajudicialmente he sabido que los nacionales de la Compañía de su mando, acuartelados en el convento que fue de las monjas Bernandas de esta ciudad (sin duda fracturando la puerta) están a todas horas tocando el órgano de aquella iglesia, y por consiguiente, descomponiéndole, y aunque la entrega formal que de este edificio le tengo hecha, me ponga a cubierto de toda responsabilidad en el asunto, no puede ser con indiferencia que los intereses del estado se destruyan y menoscaben por falta de vigilancia. Lo aviso a usted a fin se sirva impedir este desorden…

Unos meses más tarde, este convento de Bernardas sirvió para alojar al Batallón provincial de Écija. Según se informó el 7 de octubre de 1837, el edificio en el que se encontraban esta ruinoso y desabrigado y el capitán escribió que era indispensable buscar un alojamiento más cómodo y seguro a esta tropa, y siendo situado, acomodado para su poca fuerza el edificio que fue convento de monjas Bernardas, me dirijo a vuestra señoría a fin de que se sirva dar sus órdenes a quien corresponda para que bajo un exacto inventario y demás formalidades necesarias sean entregadas las llaves y el mismo edificio a el capitán Clemente del dicho provincial, el teniente coronel graduado o a la persona que comisiones al efecto.

Según estos tres casos ahora expuestos, y otros tantos ocurridos, no es de extrañar que de algunos de estos edificios queden, en el mejor de los casos, algunas de sus paredes, y en el peor, nada…

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