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Un cuartel para la guerra. El convento de la Merced de Cuenca

La Directora del Archivo Histórico de Cuenca, Mª de la Almudena Serrano Mota, comparte en Life!Cuenca este artículo, en el que nos cuenta el papel del Convento de la Merced de Cuenca como cuartel durante la primera Guerra Carlista

15/1/2022 - Mª de la Almudena Serrano Mota
15/1/2022 - Mª de la Almudena Serrano Mota
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  • La nacionalización de bienes de la Iglesia católica a principios del siglo XIX supuso que determinados edificios sufrieran deterioros considerables y destinos totalmente contrarios a sus fines originarios. Los frailes y monjas, en la mayoría de los casos, fueron sustituidos en aquellas épocas bélicas por soldados y armas, quedando convertidos muchos conventos en cuarteles y hospitales.

    En el año 1835, en plena Primera Guerra Carlista, se tomó la decisión de aprovechar los conventos suprimidos y deshabilitados, convirtiéndolos en cuarteles. La Comisión de Armamento y Defensa de la provincia de Cuenca debía ocuparse del reclutamiento de 1.936 hombres que se han repartido de los 100 mil que han de aumentar las filas del ejército defensor de la libertad de la patria y del trono legítimo de Isabel II, y preparar lo necesario…

    Y dentro de lo necesario e inmediato se encontraba tener un edificio: No puede la Comisión perder de vista la necesidad de preparar edificio para acuartelar los quintos, conforme se vayan presentando a ella, o a la Diputación provincial, si entonces está ya instalada.

    Los edificios idóneos para este fin eran, sin duda, los conventos, grandes edificios cuyas comunidades habían sido suprimidas, exclaustradas y deshabilitados los inmuebles, es decir, los conventos de frailes y algunos de monjas. De este modo, y hallándose autorizada por el artículo 6 de la Real Instrucción de 27 de octubre pasado para elegir y aprovechar al referido fin los conventos cuya comunidad ha sido suprimida, y se encuentran desabilitados y aplicados a la Real Caja de Amortización. Los edificios ahora los gestionaba la Intendencia de Cuenca, que atendía los asuntos de Hacienda de la provincia.

    Con estas necesidades, la Comisión de Armamento y Defensa acordó pedir a vuestra señoría se sirva poner a disposición los conventos de la comunidad extinguida de Trinitarios y el que se halla en igual caso y fue de Mercenarios, entregándola las llaves de ellos para determinar, al punto, su reconocimiento y habilitación, en cuanto sea preciso e indispensable para que sirvan de cuarteles.

    Una vez que se decidían por un edificio, era, pues, necesario personarse en el convento con el fin de comprobar el estado en el que se encontraba y averiguar los desperfectos que era necesario solventar.

    Y así ocurrió con el convento de la Merced, cuando el 13 de septiembre de 1835 las llaves estaban en poder del Comisionado de Amortización, y una columna de entre 900 y 1000 hombres llegaría a Cuenca, como mucho, en dos días, y había que alojarlos en el convento de Mercedarios, según escribió el comandante:

    He recibido el atento oficio que vuestra señoría se ha servido pasarme, fecha de hoy, para que en atención a tener que llegar a esta ciudad en el día de mañana o pasado una columna de 900 o mil hombres, le franquee para alojar parte de ella en el convento de la Merced, y en su vista debo manifestar a vuestra señoría que me es sumamente sensible no poder acceder a lo que vuestra señoría me propone por no residir en mí atribución para disponer del citado local, y hallarse las llaves de él en poder del Comisionado de Amortización…

    Sin embargo, se temía que hubiera algún daño porque aún se guardaban en el convento ornamentos, vasos sagrados e imágenes, todo ello inventariado, además de la biblioteca, y estos bienes tan preciados debían estar seguros cuando se ocupase el convento:

    La Contaduría de Arbitrios conviene con la Comisión principal en que se facilite al Comandante el suprimido convento de la Merced, al objeto a que se reclama. Pero atento siempre a conciliar el interés del servicio con el cumplimiento de sus atribuciones, es de dictamen se sirva vuestra señoría acordar que, previamente, se incomuniquen todas las puertas que desde los tránsitos facilitan la entrada a la Iglesia, sacristía y coro, con el fin de que queden con la oportuna seguridad los ornamentos, vasos sagrados e imágenes inventariadas, clavándose igualmente en la puerta de la biblioteca y bóvedas, sin perjuicio, además, de que se encargue al Jefe Militar de la provincia haga las oportunas prevenciones a los de la tropa que se aloje en dicho local, contraíble al mismo propósito de la seguridad de los efectos indicados, hasta que las respectivas autoridades eclesiástica y civil dispongan de ellos en el modo que se acuerde por el Gobierno de conformidad al artículo 7º del Real Decreto de 25 de julio último.

    Documento del Convento de Mercenarios de Cuenca
    Documento del Convento de Mercenarios de Cuenca

    Además de la columna de soldados que ocuparían el convento de la Merced, la Diputación provincial organizó una parte de la fuerza de Cazadores, que le fue concedida por Real Orden, que también necesitaban un espacio para alojarse, por lo que el 20 de marzo de 1836, se decidió un espacio del mismo convento:

    Y siendo necesario para acuartelarla un local que, a la par de cómodo, en lo posible se halle dentro de la ciudad, ha de merecer de la bondad de vuestra señoría se sirva conceder para este objeto la sala baja del convento de Mercedarios, que se halla al frente de los Arcos, y sirvió en otro tiempo de principal a los ex voluntarios realistas, esperando que si así fuese se sirva disponer que se franqueen las llaves, desde luego, para la inmediata colocación de los individuos.

    Los deterioros en los edificios no sólo se producían como consecuencia de la guerra, sino que las tormentas dejaban su firma en algunos de ellos, según escribió Enrique Triguero, sargento primero, el 6 de octubre de 1836, por lo ocurrido la noche anterior, con el fin de que no se culpase a la compañía acuartelada en el convento:

    De resultas del fuerte huracán formado en dicha noche, como es público y notorio, se han estropeado tres encerados de los que existen en el segundo piso, de lo que resulta que de los ocho colocados, tres hay inutilizados de las telas enteramente, por lo que he tomado por sí mismo la determinación de quitarlos todos, para que en lo sucesivo no padezcan mayor detrimento en caso de otros huracanes, y los he depositado en uno de los cuartos que ocupaba el Maestro de Armero que habitaba en este edificio, y en el que encontrado las ochos hojas de ventana de madera para dichos encerados. Todo lo que pongo en conocimiento de usted, para que en todo tiempo no pueda resultar perjuicio alguno a esta compañía, con pretexto de que se halla acuartelada en el mismo edificio, y determine usted lo que sea de su agrado para la custodia de dichos encerados y ventanas.

    Los menoscabos y quebrantos en el convento, como consecuencia del acuartelamiento de soldados, también fueron considerables, según escribió Luis Piñango, el 19 de septiembre de 1837:

    Al entregar el convento de los ex mercedarios de esta capital, el Batallón provisional de la Guardia Real se ha hallado falseada la cerraja de la puerta bajada a la Librería vieja de dicho convento, destrozada la escalera y tirados por los suelos todos los libros que han dejado en la sala, destrozados también en su mayor parte.

    En su vista y para evitar mayores destrozos por la tropa que hay acuartelada en aquel edificio he dispuesto trasladarlos a un cuarto de la Casa Consistorial, por no haber quedado en el convento cuarto ni puerta segura. Lo que pongo en conocimiento de vuestra ilustrísima a fin de que se sirva disponer de los expresados libros, trasladándolos a dicho convento o lo que estime conveniente.

    Documento del Convento de Mercenarios de Cuenca
    Documento del Convento de Mercenarios de Cuenca

    El Regimiento de la Albuera también ocupó el convento de la Merced, dejando tras de sí el destrozo de sus puertas, según un Informe de 17 de diciembre de 1835:

    Parece a la Contaduría del Crédito público de mi cargo que el Comisionado principal, al dar a vuestra señoría este parte, debió indicar previa tasación, el valor de las puertas destrozadas por el Regimiento de la Albuera, en el suprimido convento de la Merced de esta ciudad, en que se hallaba acuartelado, para reclamar el resarcimiento de daños de quien haya lugar, que es la única providencia que corresponde adoptarse en el presente caso y puesto a que no lo ha verificado a esta, en el de que vuestra señoría se sirva acordar que devolviéndose este expediente haga se extienda a continuación por el carpintero que nombre la declaración de su juicio, y en su vista se reservará esta oficina dar su dictamen si vuestra señoría tiene la bondad de oírle.

    Otras tropas que ocuparon las partes altas del convento de la Merced fueron la Compañía de Granaderos de la Princesa, según solicitó Francisco Manuel Hidalgo, el 25 de agosto de 1836:

    Si en todo tiempo conviene tener las tropas acuarteladas, porque la disciplina y su coordinación se afianzan a la vista continua de sus oficiales, la conveniencia se hace una necesidad en las actuales circunstancias. Esta no la desconocerá vuestra señoría y bajo esta licencia he de merecer se sirva designar un local capaz de admitir la compañía de Granaderos de la Princesa, con la fuerza de 70 hombres, en el bien entendido que el edificio debe estar dentro de puertas, y la designación de él pronta para que en el día de hoy quede acuartelada la tropa, y tenga tiempo de trasladar el utensilio correspondiente.

    El alojamiento de la Compañía de Granaderos de la Princesa se tomó en consideración por el Ayuntamiento, según se comunicó al Intendente de Cuenca, que había cedido el convento a dicho Ayuntamiento:

    Señor Intendente. Estando cedido por vuestra señoría, a consecuencia de informes de estas oficinas, el convento de la Merced para alojamiento de tropas, al muy ylustre ayuntamiento de esta ciudad, en vista de solicitud dirigida a Su Majestad por dicha corporación, no encuentra inconveniente en que, desde luego, se aloje la Compañía de Granaderos de la Princesa, conforme solicita el señor Comandante General interino, en una de las avitaciones altas del citado edificio, poniéndose en práctica por medio del ayuntamiento cuantas seguridades exigen las Reales Órdenes, en orden al pago del alquiler, que deba satisfacer, y de cuanto exista en ella, por medio a un inventario, a fin de cubrirse de la responsabilidad que tienen estas dependencias, comunicándose a aquella corporación con el indicado objeto, y al expresado señor Comandante general, en contestación a su oficio de hoy. No obstante, vuestra señoría acordará lo más conveniente.

    Y dos días después, el 27 de agosto de 1836, el Intendente envió comunicación al Ayuntamiento y al Comandante de la Compañía, juzgando favorable el acuartelamiento de los Granaderos de la Princesa:

    Con esta fecha digo al muy ilustre ayuntamiento de esta capital franquee a vuestra señoría, o persona que delegue, la parte de habitación que necesite para alojarse la compañía de Granaderos de la Princesa, en uno de los pisos altos del convento de la Merced, previo el competente inventario de cuanto exista en ella, que espero haga vuestra señoría entender al jefe de dicha compañía para que tanto aquella corporación, como las oficinas de arbitrios de Amortización puedan estar a cubierto de la responsabilidad que tienen al Estado.

    Todos los conventos suprimidos que habían pasado a ser cuarteles sufrieron destrozos, según se puso por escrito por parte de la Junta de Enajenación de edificios y efectos de los conventos suprimidos, el 20 de julio de 1838:

    La Junta aprovecha este motivo para llamar la atención de vuestra señoría como ya lo ha hecho antes de ahora, acerca del maltrato que se ha dado por algunos de los cuerpos y tropas acuarteladas a los edificios ex conventos, dejándolos abiertos y abandonados al tiempo de su salida, como ha sucedido con el de que se trata y, anteriormente, con el de las Angélicas…

    Cuando fueren desocupados se devuelvan las llaves, con responsabilidad, a poder del comisionado de Amortización.

    Las sucesivas guerras deterioraron considerablemente estos valiosos e importantísimos edificios, y, en determinados casos, los hizo desaparecer, con una brillante historia secular que podemos conocer gracias a los documentos que se han conservado por quienes fueron sus custodios durante otros tantos años.

    Scripta manent.

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