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La destrucción del convento de la Trinidad de Cuenca en el siglo XIX: El principio del fin

La Directora del Archivo Histórico de Cuenca, Mª de la Almudena Serrano Mota, nos habla hoy en su colaboración con Life!Cuenca del extinto convento de Trinitarios Calzados de Cuenca que ocupó el espacio que hoy conocemos como Jardín de la Trinidad, y de los documentos históricos que se conservan desde principios del siglo XVI.

8/5/2021 - Almudena Serrano Mota
8/5/2021 - Almudena Serrano Mota
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  • En el Archivo Histórico de Cuenca, se conserva documentación muy interesante de todos los conventos y monasterios que fueron fundados en la provincia de Cuenca, testimonios muy valiosos, tanto por su antigüedad, como por su calidad.

    El convento de Trinitarios Calzados de Cuenca, que ya no existe, lamentablemente, ocupó el espacio que hoy conocemos como Jardín de la Trinidad, y de él conservamos documentos desde principios del siglo XVI. Los siglos de la Edad Moderna fueron discurriendo hasta que llegó el comienzo de su desaparición, coincidiendo con la Guerra de la Independencia y la Primera y Tercera Guerras Carlistas.

    ¿Cómo fue aquel principio del fin de este edificio de los Trinitarios Calzados?

    Según la documentación que conservamos en el Archivo Histórico de Cuenca, todo comenzó el 20 de septiembre de 1811, en que fray Domingo Fernández, presidente de la comunidad de Trinitarios, dio testimonio de cómo ese día tuvieron que salir de Cuenca por no verse en la entrada de los enemigos, y que todos permanecieron entre los montes y en las cuevas, mendigando los más, abrazando este estado antes que ser partícipes de sus compañías y de sus servicios.

    En ese tiempo que estuvieron fuera se dieron por contentos de poder salvar sus vidas, aunque perdieron todos los enseres, librería, bienes y muebles de sacristía y aver los de los particulares.

    Para poder continuar con sus dedicaciones, solicitaron poder tener, al menos, el altar de la iglesia, una celda y poder comer:

    En medio de estas desgracias, hijas legítimas de su fidelidad, sólo exigen de vuestra excelencia se les libre un despacho a fin de que libremente puedan cobrar sus rentas y deudas, desde el tiempo que no las haian cobrado, y de este modo poder abilitar, aunque no sea más que un altar en su yglesia, una celda y comer.

    Tras los años de la Guerra de la Independencia se aprobaron y aplicaron las leyes desamortizadoras, que tuvieron como consecuencia que se nacionalizasen bienes eclesiásticos, entre otras cosas. Así, sabemos que en los años 1837 a 1839, una vez fuera los frailes trinitarios, los cuartos, salas, un pajar, un tránsito, el jardín, un cuarto del convento para almacén de madera, las cuadras y corrales del convento fueron arrendados.

    Acerca de la iglesia del convento, el 14 de octubre de 1837, José Bascuñana, vecino de Cuenca y encargado de ella, envió una solicitud a la Junta de Enajenación de conventos suprimidos, exponiendo que tenían noticias de que se trata de demoler la iglesia del dicho convento, la qual se halla abierta para el culto divino (…)

    Se reivindica la utilidad de la iglesia para atender a los vecinos de ese barrio y de otros, al estar cerradas las del convento de san Agustín y san Francisco:

    La referida iglesia se abrió con el competente permiso del Diocesano por ser tan útil para el arrabal, qual se manifiesta bien claramente, pues estando cerradas las iglesias de san Agustín y san Francisco, es la única ésta a la que concurre todo el vecindario, sin distinción de clases ni opiniones, y de derribarla se resultaría un descontento general en todos los vecinos, y mucho más (…)

    Se solicitó que la iglesia pudiera seguir abierta:

    A vuestras señorías suplican rendidísimamente, se dignen concederles la singular gracia de que permanezca abierto el templo del referido convento para el divino culto y complacencia de todo el arrabal.

    Los conventos y monasterios de Cuenca, casi todos, fueron ocupados por batallones de soldados durante las Guerras Carlistas.

    En el convento de la Trinidad fueron instalados diferentes cuerpos del ejército. El 27 de noviembre de 1839 se hizo una visita al convento, donde se encontró una guardia de prevención del Regimiento provincial de Plasencia que allí instaló el ayuntamiento de Cuenca:

    Compuesta, lo menos, de 30 hombres, con un oficial que con boleta del ayuntamiento había sido alojada en él.

    Ahí continuó el deterioro del edificio:

    El conserje o encargado de la custodia del edificio me manifestó que en aquella noche habían, los soldados de la referida guardia, quemado una puerta y varias tablas de piso, sin que sus amonestaciones para que no lo hiciesen fuesen suficientes para impedirlo.

    En ese mismo documento se detalla que igual sucede en el convento de san Francisco:

    Lo mismo ha sucedió con el convento de san Francisco, con los destacamentos que allí sitúa la Autoridad Militar, sin que de estas medidas hayamos tenido ningún conocimiento, ni vuestra señoría como Jefe de este ramo, ni yo como encargado de estos edificios.

    En febrero de 1840 se hizo un expediente en el que se hicieron constar los destrozos en el convento:

    A pesar de las comunicaciones de la Junta de su digna presidencia a las autoridades militares y ayuntamiento de esta ciudad, con el objeto de contener a las tropas que se acuartelan en ellos, bajo diferentes pretextos y en virtud de diversas órdenes, es llegado el caso de que nada basta a evitar la ruina que les amenaza.

    Por el día de ayer, los sujetos encargados de la custodia del convento de la Trinidad y San Francisco se personaron a mí, dándome parte de que en el primero los soldados de la Guardia o retén que se hallaba establecido en el mismo, queman y destruyen cuanto hay en él y que en el segundo habían violentado una puerta que se hallaba cerrada y clavada, sacando de una habitación libros y algunos efectos de poco valor, y quemando igualmente las puertas y ventanas que hallan.

    En el convento de la Trinidad vivía Isaac Casero, y fue llamado a declarar como testigo:

    Dijo que, a consecuencia del fuego que encienden en el portal los soldados que se sitúan en él para el servicio de retén en dicho local del convento referido, se ha hundido un pedazo de techo del mismo con grande exposición de un incendio general en él, que también se ha hecho otro agujero en uno de los claustros por la misma razón, y los citados soldados han quemado una puerta y varias tablas de los pisos, sin que hayan podido evitar estos destrozos las amonestaciones, tanto del declarante cuanto del encargado de la custodia del referido edificio, José Mayor, quien como asimismo Ángel Mateo podían atestiguar estos daños.

    Desde la Junta de Enajenación de Edificios se conminó a que se reponga la puerta y tablas quemadas, salvando de este modo la responsabilidad de esta corporación a subsanarla.

    Unos días después, el 2 de marzo de 1840, el batallón de Ceuta se instaló, también, en el convento de la Trinidad, y los estragos continuaron:

    He recibido con disgusto la atenta comunicación de vuestra señoría, fecha de ayer, manifestándome los daños causados en el ex convento de la Trinidad por la guardia de provincia del Batallón de Ceuta, que le ocupó desde antes de ayer.

    Y al mes siguiente, el 3 de abril, se tomó la decisión de instalar en los conventos suprimidos de Cuenca a familias expulsadas de sus pueblos por los carlistas. Mientras tanto, los desperfectoscontinuaban en el edificio, y los soldados quemaban puertas que servían de leña ante el frío que hacía:

    La guardia del convento de la Trinidad quemó en la noche anterior una o dos puertas, sin que pudiera impedirlo el sujeto encargado de dicho edificio, y su excelencia ha creído oportuno ponerlo en conocimiento de vuestras señorías a fin de que puedan adoptar las medidas que estimen convenientes, a evitar estos excesos bajo el concepto de que la guardia debía estar provista de leña, pues en razón a la estación y a instancia del señor Comandante General, se autorizó al ilustre ayuntamiento de esta ciudad para que proporcionase este auxilio a todas las guardias y retenes de la plaza, por negarse a prestarlo el contratista.

    Y así continuó el deterioro de este edificio que terminó desapareciendo y del que hoy sólo resta la documentación que conservamos y el nombre de La Trinidad para la zona en la que se fundó el convento de Trinitarios Calzados de la ciudad.

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