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Documento del mes del Archivo Histórico de Cuenca: Viajamos a las casas del pasado

El documento del mes, desde el Archivo Histórico de Cuenca, está dedicado a los Inventarios de bienes, que son documentos muy valiosos, tanto por la gran cantidad de los que se han conservado, como por el riquísimo contenido informativo que nos ofrecen

1/10/2021 - Redacción
1/10/2021 - Redacción
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  • En el documento del mes, desde el Archivo Histórico de Cuenca, lo queremos dedicar a los Inventarios de bienes, que son documentos muy valiosos, tanto por la gran cantidad de los que se han conservado, como por el riquísimo contenido informativo que nos ofrecen. En investigación histórica son extraordinariamente valorados por estos motivos, puesto que a través de los datos que aportan podemos conocer una parte importantísima de la vida de siglos atrás, porque en nuestros Archivos Históricos existen miles de Inventarios de bienes, documentación que nos permite saber, al detalle, cómo vivieron nuestros antepasados.

    Son fundamentales para indagar más en lo cotidiano de aquellos lejanos años. Gracias a ellos tenemos una completa fotografía de cómo fueron las casas de los siglos de siglos pasados a través del detalle documentado del mobiliario de todo tipo que había en muchísimas viviendas, de diversa condición (más o menos pudientes) mercancías, alimentos, ropas y tejidos, tapices, alfombras, pinturas y cuadros, libros y bibliotecas, alhajas y joyas, dinero, rentas, tierras, casas y otros bienes raíces, ganados, objetos diversos según la profesión que tenían los fallecidos, mercaderías y otras cosas que llegaban del extranjero y de otras ciudades y pueblos del país, etc. Para profundizar un poco en ello y mostrar algunos detalles de todo esto hemos elegido algunos ejemplos de Inventarios de bienes conservados en el Archivo Histórico de Cuenca, desde el siglo XVI hasta el siglo XIX.

    Leyendo estos documentos nos encontramos con maletas, tinajas, botes de hojalata para tabaco, espejitos, arcas de pino, baúles, cofres, arcas guitarreras, camas, cuadros, pinturas, sillas de pie, taburetes, paramentos pintados, sierras, cartabones, tornos para tornear madera, artesas, planchas, cortinas de bayeta y lino, veloncillos, martillos, braseros, braserillas para los cigarros, colchones, graduadores para aguardiente, canastas, baúles, calentadores de hierro, candeleros… Tejidos como lana negra y ovillos de cáñamo. Alimentos como aceite, cerdos, vino, trigo, harina, cebada, centeno, escaña…

    Las cocinas fueron espacios muy importantes y, según la condición social de cada uno, encontramos el mobiliario común y, luego, otro más selecto. Así, en aquellas casas hubo este menaje: Ollas, cucharas de Cuenca, cuchillos de cocina; vasos, copas, jarras y botellas de cristal. Las jarras de loza de Valencia eran frecuentes en algunas casas. Platos vidriados, platos de Valencia, tazones finos, botijos pequeños, cántaros de barro, orcillas, calderos, romanas, fuentes, candiles, asadores, morillos, cuezos de amasar, saleros de Talavera y saleros de China, cazuelas y barreños de Alcorcón, almireces de mano, tinajillas y cántaros de La Mota y tinajillas de Villarrobledo, botijones para aceite, cazos, espumaderas, ollas, botellas sogeadas, salvillas, bandejas, tazas, pucheros, frascos de vidrio, jarros para aceite, alcuzas, botijo para aguardiente, soperas, coladores, tostadores de hierro, paletas de hierro, merenderas de hoja de lata, sartenes, tenazas, marcos para la lumbre, trébedes, almireces, jícaras, escobas, servilletas para la mesa, chocolateras, requesoneras, cajas para harina, tijeras…

    Un capítulo muy interesante son las ropas que se vestían y las que se usaban en las habitaciones o cocinas: mantas blancas y de cáñamo, sábanas de lino, sábanas y almohadas de Bretaña, delanteras de cama, toallas, manteles de gusanillo, tocas vizcaínas, tocas de lino, camisas de mujer; chalecos de raso, pana, felpa y terciopelo; capas, camisas de estopilla, medias negras de algodón, pañuelos, vestidos de paño fino y de cordellate, capas de diferentes tejidos, pañuelos, medias de algodón, pantalones, mangas, fajas, sombreros cordobeses, sombreros de copa, zapatos, chaquetas, botines de paño negro…

    No faltan en estos inventarios los libros que personas con determinadas profesiones siempre tenían, en algunos casos, bibliotecas personales muy importantes, tanto por la cantidad de libros como por los títulos que comprendían muy variadas materias. En estas bibliotecas, por supuesto, hubo bufetes de pino, estantes para libros, escabeles, mapas, papeleras con pie de nogal, estampas y escribanías. En cuanto a los libros, algunos de los que aparecen en los Inventarios de bienes son Tratados de medicina, Ensayos sobre la educación de la nobleza, Farmacopea española, Farmacopea matritense, Curso médico, Elementos de botánica, Medicina Hipocrática, Reflexiones sobre las calenturas, Tratado de enfermedades de la gente del campo, Breviarios, El Viajero universal, Diccionario de la lengua castellana, Teología universal, Sermones, Breviarios, Gramática castellana, Arte de cocina, Cartas familiares, Año cristiano, Novenario doloroso de María, Manual de sacerdotes, obras de Virgilio, Catecismo de controversia contra los protestantes, Doctrinas y sermones de Santander, Tesoro de sagradas ceremonias, Diccionario francés, español y latino; Ejercicios espirituales…

    Los objetos religiosos fueron habituales y, en algunos casos, muy singulares: Rosarios de Jerusalén, cuadros y láminas de santos, crucifijos, rosarios con medallas y cruces de plata, crucifijos de estuco, relicarios…

    La importancia de la agricultura como actividad socioeconómica primordial quedó muy bien reflejada en los Inventarios de bienes, donde tenemos buena cuenta de los objetos, materiales y animales necesarios para la actividad agraria y ganadera. Algunos ejemplos son estos: Palas de era, artesas de madera, tinajas de El Toboso, costales toledanos, mantas de mula, hachas, trillas, arados, palas, banastas, canastillas, seras para vendimiar, aguaderas, carros, mulas, campanillas de las mulas, espuertas, mulas, burras rucias, gallinas, gallos, ovejas, cabras...

    Los objetos valiosos, como fueron las alhajas y joyas, lógicamente, aparecen en menor medida; sin embargo, el detalle de las descripciones nos permite hacernos una idea de la riqueza que hubo en algunas casas para adquirir todo aquel oro, plata y piedras preciosas. Detallamos algunos de ellos: Cadenas de plata sobredorada, anillos de oro con cristal de piedras finas, bandejas de plata, cubiertos de plata, cruces de oro, campanillas de plata, diamantes, bordados con hilos de plata y oro, pulseras de plata, lazo de plata con piedra que llaman de Francia…

    Además, quedó reflejado el dinero que se tenía: monedas como doblones de cien reales, ciento y veinte; medias onzas; onzas de oro; escudos de cuarenta reales… En algunos casos también se detallan las armas de fuego que se poseían: escopetas, pistolas, sables españoles…

    Estas líneas son una muestra de la Historia documentada que ha llegado a nuestros días, que nos permite e invita a saber más del pasado, de la vida cotidiana, del trabajo, del comercio, de la cultura, en definitiva, de cómo se vivía el día a día en aldeas, pueblos y ciudades.

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