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Lutos y funerales. De la Casa Real a una monja de la Casa de Misericordia de Cuenca

Artículo de la Directora del Archivo Histórico Provincial de Cuenca, Almudena Serrano Mota, sobre los lutos, funerales y entierros siglos atrás

9/4/2022 - María de la Almudena Serrano Mota
9/4/2022 - María de la Almudena Serrano Mota
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  • Los lutos, funerales y entierros siglos atrás, tanto de personas principales, como de otras más comunes, estuvieron regulados por diferentes normas. Para tener una idea de cómo se legalizó todo aquello propongo hoy diferentes casos, comenzando con la certificación de la muerte de Felipe II, los lutos que se establecían por ley y cómo debían ser los ataúdes, para finalizar con los problemas que hubo para enterrar a una monja, hermana de la Caridad que trabajó en la Casa de Misericordia de Cuenca. Todo ello, como siempre que hablamos de Historia, de la mano de documentos que son la base y testimonio de los hechos que se relatan.

    A la muerte de Felipe II, ocurrida el 13 de septiembre de 1598, se hizo por parte de su Secretario, el siguiente certificado: Yo, Hierónimo Gassol, secretario de Su Magestad, certifico y hago fe cómo oy domingo, a treze días del mes de septiembre deste presente año de mil y quinientos y nouenta y ocho, a las diez horas de la mañana, ví en el monasterio de San Lorenço el Real de nuestro Palacio, de Su Magestad muerto naturalmente, a la Magestad del Rey don Phelippe, nuestro señor, segundo deste nombre, y lo sé porque doy fe que lo conocía como mi rey y señor y criado suyo.

    Y le vi puesto en una caxa de plomo, que está dentro de un ataúd cubierto de brocado negro, aclaueteado con trenças de oro, con una cruz de tela de oro colorada, descubierta la cara,

    Lutos
    Lutos

    Los lutos por los fallecidos son una costumbre que se hace de diferentes maneras según las culturas. En España, la legislación estableció diferentes pautas. Así, la Nueva recopilación de las Leyes de España recogía normas de diferentes épocas:

    Ordenamos y mandamos que de aquí adelante por ninguna persona, difunto de qualquier calidad, condición y preeminencia que sea, se pueda traer ni poner luto, sino fuere por padre o madre, o abuelo o abuela u otro ascendiente, o suegro o suegra, o marido o muger, o hermano o hermana, y por otro alguno, en qualquiera grado de parentesco que sea, no se traiga ni ponga ni se pueda traer ni poner luto, excepto por las personas reales y el criado por su señor y el heredero por quien le dexare.

    Y además se establecía esto sobre cubrir la cabeza:

    Otrosí que por ninguna de las susodichas personas por quien se pueda traer y poner luto no se traiga ni ponga ni pueda traer ni poner sobre la cabeza, cubriéndola con capirote o loba, ni en otra manera, ni dentro en casa ni fuera, ni al tiempo del entierro ni obsequias ni en otro alguno, excepto por las personas reales.

    Entre otros criterios a tener en cuenta, se dijo esto sobre los criados de los difuntos:

    Y en quanto toca a los criados de los difuntos, que actualmente al tiempo de su muerte vivieren con ellos y estuvieren en su servicio y de su casa, que con estos se guarde y haga en lo de los lutos lo que los dichos ordenaren.

    Muerte de una religiosa de la Casa de Misericordia
    Muerte de una religiosa de la Casa de Misericordia

    Es decir, que los criados hicieran lo que sus señores hubieran establecido en cuanto a los lutos a llevar. Esto se solía dejar por escrito, como norma general, en los testamentos.

    En cuanto a los entierros, normalmente, cada persona dejaba ordenado, también en su testamento, dónde y cómo debía ser enterrado, las misas que se debían decir por su alma, las velas que debían portar frailes u otras personas.

    Veamos ahora cómo debían ser los ataúdes

    Que los ataúdes o caxas en que se llevaren a enterrar los difuntos no sean de telas, ni colores sobresalientes, ni de seda, sino de bayeta, paño u holandilla negra, clavazón negro pavonado y galón negro u morado, por ser sumamente impropio poner colores sobresalientes en el instrumento donde está el origen de la mayor tristeza.

    Y solo permito que puedan ser de color y de tafetán doble y no más, los ataudes o cajas de los niños, basta salir de la infancia, y de quienes de la iglesia celebra a Misa de Angeles.

    Que no se vistan de luto las paredes de las iglesias, ni los bancos de ellas, sino solamente el pavimento que ocupa la tumba o féretro, y que según lo dispuesto por la dicha ley solamente se pongan en el entierro doce hachas o cirios, con quatro velas sobre la tumba.

    Que en las casas del duelo solamente se pueda enlutar el suelo del aposento donde las viudas reciben las visitas del pésame y poner cortinas negras, pero no se ha de poder colgar de bayeta las paredes.

    Ahora recordamos, brevemente, cuáles fueron las honras que rindió la ciudad de Cuenca a la muerte de la reina Doña Margarita de Austria, en el año 1611. Esta reina murió el 26 de noviembre al dar a luz.

    Diego de Jaraba dijo cómo la ciudad había tomado resolución de hacer las honras de la Serenísima reyna, nuestra señora, doña Margarita de Austria, con el sentimiento que era razón, miércoles por la tarde, día de san Andrés, treinta de noviembre, y el jueves siguiente, primero de diciembre, se suplicaba a su señoría que con el oficio les hiciere merced de ir a honrar y hallarse en las honras.

    A las honras fúnebres también asistieron, además de los oficiales del Concejo de Cuenca, los inquisidores que dijeron que irían, de muy buena gana, con todo el oficio, es decir, con todas las personas que trabajaban en el Tribunal: alguacil, médico, portero, etc., todos con sus lobas de paño, algunos con falda y capirote, cubiertas las cabezas, y los familiares de la inquisición, cada uno ocupando el lugar que le correspondía y con las vestimentas apropiadas.

    Para finalizar este breve recuerdo sobre los lutos y entierros, nos detenemos en lo que ocurrió en el entierro de una monja que prestó su servicio en la Casa de Misericordia de Cuenca y que pertenecía a la Congregación de las Hermanas de la Caridad1:

    En el año 1873, entre las siete y ocho de la mañana de este día, ha fallecido, casi repentinamente, la hermana de la caridad sor Antonia Torrembó, una de las del número que están destinadas al servicio de los acogidos de este asilo.

    Este asilo dependía de la Diputación provincial y por ello estaban obligados, según contrato, a hacerle los funerales con arreglo al artículo 54 del mismo, y no habiendo cantidad alguna consignada en el presupuesto vigente para estos casos, ciertamente, había que solucionarlo, por lo que se inició expediente para autorizar el gasto, por parte del Director de la Casa de Misericordia para que resuelva de dónde ha de abonarse los funerales de una hermana de la caridad que ha fallecido, puesto que en el presupuesto de la Casa de Misericordia no existe cantidad alguna al capítulo de imprevistos, que es del que debía satisfacerse esta atención, y al no consignar cantidad alguna en dicho capítulo fue, sin duda, porque si algún gasto de esta clase ocurría, se abonaría del capítulo de imprevistos del presupuesto provincial, cual está dentro de la ley y reglamento de septiembre de 1865, y en su vista proceda se conteste al Director que se verifica los funerales de la hermana de la caridad fallecida, con estricta sujeción al contrato del que se acompañará copia en la parte de este particular, en la cuenta justificada que deberá formar por el administrador del Asilo, y hecho así, que se remita la cuenta para que se expida el oportuno libramiento de su importe con cargo al capítulo de los previstos del presupuesto general de la provincia.

    En la sesión del día 13 de noviembre de 1873, vista una comunicación del Director de la Casa de Misericordia, preguntado de qué capítulo del presupuesto se han de abonar los gastos que ocasionen los funerales de sor Antonia Torrembó, hermana de la Caridad que prestaba sus servicios en el expresado establecimiento, se acuerda, de conformidad con la Contaduría, decir al Director que los funerales se verifiquen con estricta sujeción al contrato celebrado con las mismas y del cual se acompañará copia de la parte referente a este particular, abonándose los gastos del capítulo de imprevistos del presupuesto provincial, remitiendo el Director la cuenta justificada para su examen y censura, expidiéndose después el oportuno libramiento de su importe con cargo al capítulo de imprevistos.

    El importe total fue 639 reales y 50 céntimos, o sean, 159 pesetas y 87 céntimos.

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