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El traslado de presos en el siglo XIX Entre Villar del Horno y Cabrejas

Este artículo está dedicado a la memoria de Bruno Serrano Navarro, mi padre.

4/3/2022 - Mª de la Almudena Serrano Mota
4/3/2022 - Mª de la Almudena Serrano Mota
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  • El traslado de presos y detenidos fue, y es, un riesgo que las autoridades se afanaban en evitar. Nos detenemos hoy en el siglo XIX para comprobar uno de tantos casos que se planteaban por los pueblos que se encontraban en vías de comunicación por las que, necesariamente, se hacían aquellos traslados.

    La regulación de la conducción de presos por parte del Ministerio de la Gobernación se remonta a la primera mitad del siglo XIX. En concreto, nos detendremos en octubre de 1845, cuando mediante Real orden, en 20 de febrero de este año, se ordenó lo conveniente para que los reos fuesen conducidos por la Guardia civil, de destacamento en destacamento. Pero habiendo exigido algunos alcaldes que estas conducciones sean diarias y aun duplicadas, ha tenido a bien la Reina mandar que la conducción de presos se verifique por la Guardia civil dos veces por semana, a fin de regularizar este servicio, sin desatender el que ordinariamente presta.

    Años más tarde, en otra Real orden de 8 de agosto de 1877, se advertía de determinadas conductas inapropiadas: No están autorizadas por disposición alguna ministerial las conducciones especiales de rematados que van al presidio a que fueron destinados, o de confinados que pasan de un establecimiento penal a otro, pero los Gobernadores de las provincias las consienten y ordenan, aprovechando las líneas férreas y los transportes marítimos, sin adoptar, a veces, las medidas de seguridad indispensables, por lo cual verifícanse frecuentes fugas, que es preciso evitar a toda cosa.

    Con el fin de regularizar este sistema de transportes de penados, necesario en ocasiones y casi inevitable mientras no se establezca un buen método de conducciones generales, que la Dirección del ramo estudia, Su Majestad el Rey se ha servido disponer que se evite, en lo posible, toda conducción especial de confinados o presos rematados, y que en el caso de autorizar los Gobernadores de las provincias semejante método de transporte, sean necesaria e inevitablemente acompañados los presidiarios así conducidos por parejas de la Guardia civil, sin que puedan éstas ser sustituidas por empleados de los presidios, de las cárceles, de los Gobiernos de la provincia, ni siquiera por agentes de orden público.

    Por tanto, tenemos que, desde la Real Casa y Ministerio de la Gobernación, se tenía completa confianza en la custodia por parte de la Guardia civil, además de la confianza depositada en los alcaldes, mediante las leyes municipales, que se cumplían literalmente por unos e interpretaban según el criterio de otros, y procediendo a la corrección de desatinos siempre estaba el Gobernador civil y la Diputación provincial, mediante las funciones carcelarias que ésta tenía asignadas.

    Veamos un caso, de tantos, sobre los problemas reales en el traslado de presos y demás, ocurrido entre Villar del Horno y Cabrejas, localidades ubicadas en el que fuera Camino Real de Madrid a Cuenca, que han sido tradicionalmente lugares de paso y/o parada y fonda, donde a tantísimas personas se ha socorrido del frío, hambre y cansancio.

    Entre agosto y octubre de 1879, se tramitó un expediente a instancia de Luis Alcalá, alcalde de Villar del Horno, que el 8 de agosto solicitó al Gobernador civil que se organizase lo relativo a la conducción de presos, detenidos y enfermos pobres:

    Señor Gobernador civil.

    El Ayuntamiento de mi presidencia, siguiendo la costumbre establecida desde tiempos antiguos, y con el objeto de cumplir las leyes de Policía y Seguridad pública, ha venido dirigiendo todos los presos, detenidos y pobres enfermos que pasaban a la disposición de vuestra señoría, a la inmediata aldea de Cabrejas, jurisdicción de Abia de la Obispalía, situada en la carretera de Cuenca a Madrid, a los siete kilómetros de esta población.

    Es el caso que, en el día de ayer, el Alcalde Pedáneo de la expresada Aldea de Cabrejas, al remitirle la detenida Agustina García Medina, se negó a recibirla, alegando no tener obligación alguna de admitirla, y escusarle las leyes municipales.

    Esta medida viene a trastornar por completo el régimen establecido de vía recta, puesto que, si Cabrejas no recibe este servicio, hay que abandonar la carretera, tomando montes y caminos montañosos, muy expuestos para la fuga, si se ha de dirigir a otro pueblo la conducción.

    La ley municipal vigente no excluye de estos servicios al anejo, como sostiene el Alcalde Pedáneo de Cabrejas.

    En su virtud, lo pongo en el superior conocimiento de vuestra señoría para que se sirva manifestar a este Ayuntamiento el pueblo o punto donde se han de dirigir los presos, detenidos, etcétera, caso de que Cabrejas esté en su derecho al no admitirlos.

    Según se indicó en el expediente, siempre se dirigían a esta aldea todos los presos, detenidos y enfermos pobres desde el pueblo de Villar del Horno:

    El señor Gobernador civil remite a informe de esta corporación la comunicación del Alcalde de Villar del Horno, en la cual se manifiesta que al remitir al Alcalde pedáneo de Cabrejas la detenida Agustina García Medina, aquél se negó a recibirla, alegando no tener obligación alguna a admitirla por escusarle las leyes municipales, y como quiera que siempre se han dirigido a la espresada aldea todos los presos, detenidos y enfermos pobres que pasaban a la disposición del señor Gobernador, por ser punto de carretera y la vía más recta, viene a trastornar, por completo, este servicio la negativa de la expresada autoridad de Cabrejas, solicitando por esta razón se le diga a qué pueblo o punto se han de remitir los presos, detenidos, etcétera, en lo sucesivo, caso de que Cabrejas se halla exento, efectivamente, del servicio expresado.

    El 24 de septiembre, la Comisión provincial acordó informar al Gobernador Civil en el sentido de que proceda significar a dicho alcalde de Cabrejas que, a la mayor brevedad, diga en qué se funda para no prestar el servicio indicado, para en vista de lo que exponga, resolver lo procedente.

    Y el 4 de octubre respondió al Gobierno civil, dando muchas más explicaciones de las que ofreció el alcalde de Villar del Horno:

    El que suscribe, alcalde pedáneo de la Aldea de Cabrejas, evacuando el informe que vuestra excelencia interesa en su comunicación de 29 del pasado setiembre, referente a que diga los motivos que se ha fundado para no recibir a la detenida Agustina García Medina, manifiesta que no se hallaba en dicha Aldea, por hallarse ocupado en las faenas agrícolas, y por hallarse la cárcel en estado ruinoso e insegura, manifestando la persona que conducía a dicha detenida, que lo era un vecino de Villar del Horno, y de su voluntad, que él la conduciría a disposición del Alcalde de Abia de la Obispalía, como así lo verificó; que el suscribente está siempre propicio a prestar el servicio de bagajes y acatar las órdenes de la autoridad. Lo que tengo el honor de poner en conocimiento de vuestra señoría, según me ordena.

    Así, queda de manifiesto que la seguridad en el traslado de la detenida Agustina estuvo expuesta a la circunstancia de que un vecino, por su propia voluntad, algo absolutamente irregular, la llevase al alcalde de Abia de la Obispalía, de quien dependía administrativamente la aldea de Cabrejas. Además, ni en el Gobierno civil ni en la Diputación provincial, que tenía competencias de atenciones carcelarias, se tuvo noticia, hasta ese momento, de que la cárcel de Cabrejas estuviese en estado ruinoso y fuese, por tanto, insegura, circunstancia que el alcalde pedáneo debió comunicar a la Diputación, para que se resolviese aquella ruina cuanto antes, porque corría con todos los gastos de prisiones, incluidas las obras en esta aldea, perteneciente al Partido judicial de Cuenca.

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