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Misterios de Cuenca: La judía y el cristiano

Las historias de amor todo lo pueden (o casi todo) y como se suele decir: "para muestra un botón". Hoy nuestro colaborador Alberto M.Rodríguez nos trae una de esas historias de amor en su sección Misterios de Cuenca. Una historia de amor entre una judía y un carpintero cristiano tras la conquista de Cuenca.

19/11/2020 - Alberto M. Rodríguez
19/11/2020 - Alberto M. Rodríguez
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  • Amor a primera vista

    Nos situamos poco después de la reconquista de Cuenca en 1178/1179. Las tres culturas están separadas, aunque conviven juntas. Se relata que una chica era hija de un adinerado comerciante judío. Era muy bella y destacaba sobre las demás. Muchos de sus pretendientes eran mozos cristianos, pero su padre jamás permitiría una unión así por la diferencia de culturas. Un día este comerciante necesitó reparar uno de sus mostradores del comercio. Para ello utilizó los servicios de un carpintero cristiano, que encomendó, a su vez, la tarea a su hijo. Cuando el joven llegó a reparar el mostrador conoció a la hija del judío. Ella quedó prendada con el cristiano y él no podía quitarle los ojos de encima… Cruzaron alguna palabra, pero poco podían hacer, pues uno de los hermanos de ella no se alejaba en ningún momento del local, pero los guiños y señas entre ellos ya habían comenzado.

    El padre y los hermanos de la judía, tuvieron que salir hacer unas dirigencias, los jóvenes se quedaron a solas, con la madre de ella, que andaba de un lado para otro sin poner atención. Los jóvenes prendados el uno del otro, acordaron verse en esa misma semana. Sería el día que la judía bajase a los baños con otras mujeres de su cultura y así fue. En la bajada de San Miguel, volviendo de los baños, el joven la acompañó hasta que aparecieron los hermanos judíos y se dieron cuenta de todo. Antes de correr, prometió a su amada que esa misma noche cruzaría el muro del barrio judío para verla.

    Palizas y más palizas

    Las quedadas nocturnas en secreto se hicieron habituales hasta que una noche, la joven judía fue sorprendida por sus hermanos. Ellos le recriminaron el verse con un chico de otra cultura, pero, aun así, decidieron vigilarla. De esta forma en su próximo encuentro, sus hermanos propinaron una paliza al cristiano. Éste dejo pasar unos días y tras recuperarse, volvió a intentar ver a su amada, pero solo recibió otra paliza.

    Con el paso de los días, en un evento festivo de la ciudad, en conmemoración de la toma de Cuenca por Alfonso VIII, volvieron a verse y quedaron para el próximo día. La siguiente cita fue en casa de la joven, pues su padre y hermano tuvieron que salir de Cuenca y pasaron la noche juntos hasta el amanecer. En otra de sus citas, los sorprendieron de nuevo y el pobre cristiano recibió otra paliza. Pero esta vez, la familia del cristiano se enteró de todo y fueron a buscar a los judíos, finalizando en una pelea entre familias.

    Este evento provocó que el barrio judío pasase a extramuros del castillo, y los ubicaron más allá de la puerta Valencia, en el actual barrio de los Tiradores. Tras la separación de los barrios, los jóvenes decidieron escaparse y huir juntos y nunca más se supo de ellos…

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