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Misterios de Cuenca: Los Fantasmas del Museo de las Ciencias

Se ha hablado largo y tendido acerca de los misterios y fenómenos paranormales que, en este edificio tan icónico de ciudad, se supone que han sucedido. Algunos afirman y reafirman las historias, mientras otros las desmienten total y absolutamente. Nuestro compañero Alberto M. Rodríguez en su sección Misterios de Cuenca nos cuenta algunos de estos testimonios.

30/1/2021 - Alberto M. Rodríguez
30/1/2021 - Alberto M. Rodríguez
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  • Historia y misterio

    Antiguamente fue el Convento de la Merced, ubicado en la plaza y junto a la iglesia con el mismo nombre. Rodeado de restos medievales y construcciones de los siglos XVIII y XIX y al que se le ha añadido un edificio de construcción contemporánea. Realizó su apertura como museo en el año 1999 y desde entonces, las leyendas no han parado de crecer…

    Muchos son los fenómenos paranormales que se relatan sobre este lugar: objetos que se movían solos, ruidos extraños, cambios bruscos de temperatura, apariciones e incluso se habla de que, durante distintas obras, se han encontrado huesos humanos y cadáveres de tamaño bebe. ¿pero qué hay de cierto en todo esto?

    Cualquier historiador puede confirmar perfectamente el último punto que he detallado: huesos y cadáveres. Como he dicho en la introducción, el museo antes era un convento y si lo pensáis bien, enfrente sigue estando, desde hace años, el seminario. Es obvio que esos cadáveres encontrados son abortos intencionados de, quién sabe, cuántas relaciones sexuales prohibidas se mantuvieron entre las internas del convento y los recluidos del seminario.

    La Monja del Museo

    Otra de las grandes leyendas del edificio es la supuesta monja que aparece y desaparece. Según la historia oral, el vigilante de seguridad de turno veía apariciones de una mujer con ropajes que cubrían todo su cuerpo. Se cuenta que el trabajador de seguridad comprobó con un segundo compañero estas apariciones. Mientras uno se situaba en el puesto de control visualizando cámaras, el otro acudía en busca de la entidad. Llegaba un momento dado en el que el vigilante situado en cámaras observaba la aparición, se lo comunicaba por emisora a su compañero y éste le negaba la visualización de nada ante él. Acto seguido intercambiaban los puestos. El que estaba en el control de cámaras acudía en busca de la entidad y viceversa. La leyenda confirma que ambos veían a la supuesta monja por cámaras, pero ninguna la localizaba cuando la buscaban.

    En mi opinión, creo que es una historia inventada para asustar al personal o simplemente como entretenimiento de alguna persona aburrida. Añadir a esta leyenda que cuando la supuesta monja aparecía en cámaras, el icónico reloj del museo dejaba de funcionar. Al rato revivía. También se afirma que en vez de ser una monja, era un fraile.

    Testimonios

    Me han pedido que todas las identidades sean anónimas, pero he hablado con varios vigilantes de seguridad, que han trabajado en el edificio durante varios años. Un testimonio curioso fue el un trabajador que me contó que él nunca había visto ni oído nada. Pero que una noche de servicio recibió un aviso de una visita nocturna autorizada al museo. Era un grupo de investigación paranormal. Me contó que realizaron una sesión ouija, pero que allí no pasó nada. No obstante, me afirmó pasar una noche nerviosa, pues le dan respeto estos temas que tratamos.

    Algunos otros vigilantes me han confirmado que todas esas historias fueron inventadas para que los nuevos vigilantes no quitaran el puesto a los antiguos. Pues me dicen que era un servicio con todas las comodidades y muy envidiado entre los compañeros. ¿renunciaría algún vigilante a trabajar en el edificio a consecuencia de sus misterios?

    Por último, indagando en hemeroteca, en un artículo de “La Tribuna de Cuenca” del periodista Manuel Pérez, encuentro que el entonces director del museo, Jesús Madero, afirmaba lo siguiente: “en los más de veinte años que llevo trabajando en el edificio, ningún trabajador ni yo, a excepción de este vigilante, hemos visto ni oído nada”. Imagino que se refería al vigilante que veía la entidad de la supuesta monja.

    En el mismo artículo, Jesús Madero, también confirmaba esto tras la petición de algunos grupos de realizar investigaciones: “nunca aceptaré que se monten tinglados en el Museo porque es un proyecto que ha costado mucho dinero y esfuerzo para que unos cuantos lo hundan con historias falsas”. Si el director cumplió su palabra, o miente o me ha mentido a mí el vigilante del primer testimonio.

    Una cosa queda clara: nunca sabremos a ciencia cierta si el Museo de las Ciencias de Cuenca está encantado o en él viven fantasmas…

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