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Fotos y vídeo de Héctor & Müller.
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Colegio Infanta Elena de Cuenca, ejemplo de una verdadera inclusión

La nueva Ley educativa ha puesto a la educación especial en el punto de mira. Mucho se habla de ella pero poco se conoce sobre su funcionamiento. Life!Cuenca ha visitado el único centro de estas características que hay en nuestra ciudad, el Infanta Elena, para conocer su día a día, saber cuántos alumnos tienen y comprobar el excelente trabajo que desarrollan sus 60 profesionales.

2/12/2020 - Redacción
2/12/2020 - Redacción
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  • Mucho se está hablando en las últimas semanas de los colegios de Educación Especial y de su futuro, de los cambios que incluye la Ley Celaá para este tipo de educación, de las familias que temen su desaparición paulatina o de la 'Plataforma Inclusiva Sí, Especial También' que advierte como la LOMLOE abre la puerta a que se vacíen estos centros para, progresivamente, transformarlos en centros de recursos sin apenas alumnado.

    Desde Life!Cuenca hemos querido conocer in situ cuál es el día a día de un colegio de Educación Especial, qué labor desarrollan con los niños de capacidades diferentes y qué opinan desde dentro de la nueva Ley Educativa. Para ello hemos visitado el único centro de estas características que hay en la provincia de Cuenca: el colegio Infanta Elena.

    La inclusión es tarea de la sociedad en su conjunto

    Su directora Elena Lázaro nos atiende encantada por poder mostrar el gran trabajo que se realiza en estos colegios: “creemos que la educación especial es una gran desconocida por la sociedad, la mayoría no sabe qué niños están aquí, ni qué hacemos ni cómo lo hacemos, hablan de la inclusión como si no fuera con nosotros, cuando es precisamente aquí, en coles como el nuestro, donde conseguimos una verdadera inclusión: los niños se respetan entre ellos, saben los tiempos que necesita cada uno, si hay alguna crisis entienden que tienen que esperar porque otro niño nos necesita más que ellos, tienen amigos,… y sinceramente, es muy gratificante percibir este respeto”.

    Y es que, según nos explica Elena Lázaro, la inclusión, por duro que parezca, no es fácil de lograr: “nosotros, obviamente, creemos en la inclusión como también creemos en la paz en el mundo. Pero hay que entender que es muy complicado de conseguir, nosotros trabajamos día a día en ello pero tiene que haber un cambio de mentalidad en la sociedad para que esto sea una realidad, no basta con decirlo, hay que trabajar en ello desde pequeños”.

    ¿Cuál es día a día del Colegio?

    Solo basta con llegar al colegio Infanta Elena para ver las magníficas instalaciones que tienen y todos los servicios que pueden prestar a los niños, zonas de esparcimiento y de recreo donde sertirse libres y ser uno más. El día a día de un centro educativo de estas características no es tan distinto a lo que imaginamos. El número de alumnos es menor que en un colegio ordinario: este curso escolar cuentan con 66 alumnos de necesidades especiales de entre 3 y 21 años, niños de diversas capacidades. “Esto es muy importante que entienda la sociedad, muchas veces ven un niño en silla de ruedas, por ejemplo, y dicen: ahí debe de estudiar. Y no, están confundidos, aquí tenemos alumnos con una discapacidad intelectual media alta”.

    Una de las grandes diferencias es que estos colegios no titulan sino que tienen una modalidad de escolarización distinta y cuentan con tres etapas: Educación infantil, que es de 3 a 6 años; la Enseñanza Obligatoria Básica (EBO), que es de 6 y los 16 años; y Transición a la Vida Adulta (TVA), que tiene como tope los 21 años. Es en esta última etapa donde los alumnos del Infanta Elena pueden cursar los programas PFTVA (programas de formación de la transición a la vida adulta) de jardinería, de madera y de alojamiento turístico y lavandería. Además, muchos de ellos, ”los que están menos malitos”, pueden acogerse al Plan de Garantía Juvenil y así estudian dos años, reciben una formación, obtienen su titulación, y además ganan un dinero.

    Detrás de este trabajo se esconde una verdadera vocación. Solo hace falta escuchar a Elena para percibir el cariño que le ponen a su profesión, aunque a veces se les haga cuesta arriba “porque hay momentos que se ponen muy malitos y es muy duro”. De todas formas, Elena nos cuenta que los maestros que están allí “están porque lo han elegido ellos, podrían estar en un cole ordinario pero ha optado por trabajar en especial, y eso es vocación. Nosotros no les ofrecemos a nuestros niños un apoyo únicamente curricular, sino que les brindamos apoyo emocional, empatizamos con ellos, son el centro de nuestro cole”.

    Además, la director del Infanta Elena nos cuenta que ofrecen una educación individualizada casi todo el día aunque se hagan tareas en conjunto. “Contamos con un equipo de 60 profesionales entre maestros, PT, ATE, educadores, terapeutas, enfermeros, fisioterapeutas, limpiadores, cocineros, etcétera. Y así pasa, que cuando vienen aquí los niños -y sus familias- están encantados por el trato tan cercano y personalizado que reciben”.

    Una vocación y un excelente trabajo que fue reconocido en el curso escolar 2018/2019 recibiendo un premio en el Día de la Enseñanza.

    La Ley Celaá y el futuro de la Educación Especial

    Entrando en la nueva Ley Educativa, Elena Lázaro anima a leérsela bien para poder opinar y comprender qué pretende hacer la administración con estos colegios, que según parece ser es que en diez años los centros ordinarios deberán acoger a gran parte del alumnado con discapacidad de los colegios especiales, excepto aquellos que requieren una atención muy especializada.

    Una medida, que como nos ha explicado la directora del Infanta Elena, ya se está desarrollando en algunos centros en Castilla-La Mancha, como es el suyo, con el programa ‘Caminando hacia la inclusión’; un proyecto pilotaje a través del que algunos niños, sobre todo los más pequeños, empiezan a integrarse en centros ordinarios. “Está muy bien encaminado porque es paulatino y tenemos un foro de discusión, por lo que cuentan con nuestro punto de vista, que es muy importante ya que somos los que estamos acostumbrado a trabajar con estos niños y mejor conocemos sus necesidades”.

    El problema, bajo su opinión, es quién va a decidir a la larga qué niños van a la educación ordinaria y qué niños se quedan en la especial. Y desde nuestra experiencia, “son siempre las familias las que deberían elegir, bajo el consejo de los profesionales”·.

    Además, explica que para que sea correcta la integración, los centros ordinarios deberían recibir una serie de instrucciones claras como una bajada de ratios, dotar a los centros de profesionales especializados y de más recursos económicos, entre otros aspectos, “y según tenemos entendido esto no está contemplado en la LOMLOE en principio”.

    Lo que percibe como “más complicado y preocupante” es la integración de los niños de edad de Educación Secundaria: “cuando son pequeños no suele haber ningún problema en las aulas, el resto de compañeros se comportan normal con ellos (con ciertas excepciones). El problema es cuando van siendo más mayores y están en edad de ir a los institutos, tenemos miedo a que sean vapuleados, a que haya un acoso. Además, ¿es inclusión que un niño de 2º de la ESO con capacidades diferentes esté sentado en una silla toda una clase de Física y Química?”

    No obstante, desde la dirección del Infanta Elena no ven peligrar el Colegio de Educación Especial, quizá en parte porque es el único que hay en Cuenca.

    De hecho, Elena Lázaro nos explica que la relación con la administración regional es excelente, “nos trasfieren muchos fondos, tanto para el funcionamiento del Colegio como para el coronavirus, y siguen invirtiendo en las instalaciones”.

    Lo que está claro, concluye Elena Lázaro en nuestra entrevista, es que los "colegios de Educación Especial hacemos un servicio esencial y no deberían desaparecer ni para los niños que están más malitos ni para aquellos que no tienen cabida en un instituto, que los hay y muchos”.

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