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Cuenca: mucho más que una Pasión

Solamente los conquenses sabemos cuáles son exactamente los motivos que hacen que nuestra Semana Santa sea única en España y en el mundo. Toda la ciudad se vuelca con nuestra celebración más ancestral, que transcurre entre el viernes de dolores y el domingo de resurrección. Ningún visitante que visita Cuenca durante estos días queda indiferente ante una de las representaciones de la pasión más antiguas de España.

Actualizado: 8/4/2022 9:09 - Redacción
Actualizado: 8/4/2022 9:09 - Redacción
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  • Es viernes de dolores. Comienza la semana santa más esperada. Por fin, después de que en 2020 irrumpiera la maldita pandemia, los conquenses podremos ver salir nuestras sagradas imágenes y acompañarlas en el recorrido por el ‘Gólgota’ Conquense.

    Todo empieza hoy. Desde hace muchos días, desde antes incluso del comienzo de la Cuaresma, se vienen sucediendo los muy diversos actos programados. Sin embargo el Viernes de Dolores es un día muy especial para los conquenses, una de esas fechas que todos miramos en el calendario al comenzar el año: “¿En qué cae este año el Viernes de Dolores?”. Es la pregunta que todos nos hacemos al echar mano al calendario del año correspondiente.

    Los conquenses visitaremos masivamente a la Madre en este viernes previo a la Semana Santa para acompañarla en su inmenso dolor. Las visitas al Santuario de Las Angustias se sucederán durante todo el día, aunque hay quiénes llevan cumpliendo a rajatabla todos los viernes desde el comienzo de la Cuaresma.

    Y a las 20.00 horas dará comienzo el acto del Pregón de la Semana Santa de Cuenca de 2022. Será uno de los más esperados, ya que Antonio Pelayo ha tenido que esperar tres años para poder pronunciar su pregón. Y los conquenses para poder escucharlo.

    En estos días en que los medios de comunicación nacionales hablan de Semana Santa y procesiones, Cuenca suele ser en muchas ocasiones la gran olvidada

    Pero, ¿qué hace única nuestra Semana Santa?

    En estos días en que los medios de comunicación nacionales hablan de Semana Santa y procesiones, Cuenca suele ser en muchas ocasiones la gran olvidada. Y algunas veces nos alegramos de que no se acuerden, porque lamentablemente, aunque se pueden contar con los dedos de una mano, los medios se dedican a malinterpretar e incluso mofarse de una Semana Santa que fue de las primeras de España en recibir la declaración “de Interés Turístico Internacional”.

    Es difícil explicar lo que supone la Semana Santa para una ciudad que la vive de forma muy intensa, en la que incluso los cerros colindantes ‘se visten’ para la ocasión. Toda una ciudad, con toda su sociedad y su entorno implicados en una celebración: nuestra semana grande.

    Solo los conquenses conocemos exactamente los motivos que hacen nuestra Semana Santa única. No en vano, quiénes nos visitan quedan sorprendidos al descubrir una celebración que es ancestral, en la que miles de personas participan de una u otra forma. Unos por su fe, otros por tradición familiar, o por muchos otros motivos.

    Sólo los conquenses sabemos lo que significa ver a ‘la Borriquilla’ salir a la calle al abrirse las puertas de San Andrés, escuchar los primeros compases de nuestra Banda de Cornetas y Tambores, presenciar la bendición de palmas en San Felipe o entrar a la Plaza Mayor abarrotada de gente esperando la llegada de la Procesión del Hosanna. Por citar solo algunos de los momentos ‘clave’ del Domingo de Ramos.

    Porque también podríamos hablar de las siete palabras del Lunes Santo y de la procesión que recorre la Catedral previamente a la salida a la calle del cortejo. O de la salida de la Virgen de la Esperanza el Martes Santo, el himno de España a Jesús de Medinaceli o la llegada de San Juan. O la salida del Huerto y el Prendimiento el Miércoles Santo, junto con la bajada de San Pedro por su calle, el Miserere en San Felipe, la despedida en las inmediaciones de San Esteban y el ascenso del Ecce-Homo hasta El Salvador. O la salida desde San Antón de las hermandades del Jueves Santo y la subida hasta la Plaza Mayor en una tarde de Paz y Caridad en la que el Jesús del Puente y la Soledad caminan con tristeza. O la salida del Jesús de las seis en la madrugada del Viernes Santo, el paso de la turba por las curvas de la Audiencia, la subida de San Juan por delante de la puerta que lleva su nombre, el silencio que impresiona al entrar la Madre en la Plaza Mayor o el Miserere en la bajada de la Procesión Camino del Calvario. O la salida desde San Esteban de la Exaltación y el Descendimiento en una Procesión en el Calvario a la que se une en la Puerta de Valencia la Virgen de Las Angustias, junto con el Cristo de los Espejos y el de la Agonía que lo hacen desde El Salvador. O el recogimiento en las calles de Cuenca al ser recorridas por el Yacente. O el sonido de las carracas y las suaves notas musicales de la Procesión del Duelo en la que las Santas Marías recorren Cuenca. Y por fin la alegría del Encuentro en el Domingo de Resurrección.

    Son solo algunos ejemplos de una semana plagada de simbolismo y de momentos mágicos, en los que el escalofrío recorre el cuerpo. Momentos que solo los conquenses podemos apreciar.

    Al igual que solamente los conquenses sabemos lo que es asistir a los actos organizados por las cofradías: cenas de banceros, juntas y subastas, puestas en andas, puestas de olivo y un sinfín de actos que tienen lugar durante estos días y que tienen un denominador común, la hermandad.

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